Opinión

El rincón del vago

Isabel Celáa.
photo_camera Isabel Celáa.

El rincón del vago era algo que estaba por ahí, en la nube esa de las redes sociales y era el consuelo de los malos estudiantes la víspera de presentar un trabajo. Ahora el rincón del vago tiene sitio y acomodo en un despacho del Ministerio de Educación que regenta Celaá.

Como Pedro Sánchez y sus ministros nos desayunan cada mañana con una nueva iniciativa –o más bien chorrada- con la que tapar sus vergüenzas políticas y su indigencia parlamentaria, se corre el riesgo de que muchas de esas iniciativas/chorradas, pasen desapercibidas y sean flor de un día en las portadas y en los titulares de los medios de comunicación, pero como esas iniciativas/chorradas, corren el riesgo de ponerse en marcha aunque sea en el año 2040, es bueno que no pasen al olvido y se recuerden.

Un día habrá que arropar la tesis de Sánchez; el otro el follón de las hipotecas; el siguiente los jueces o los coches o los autónomos…

Un buen día fue aquello de Celaa de que se pudiera obtener el título de bachiller con asignaturas suspendidas. Como todo lo que hace este Gobierno, la iniciativa/chorrada estuvo perfectamente justificada y razonada y así, la ministra basó la bondad de su medida en evitar la frustración del españolito suspendido.

El rincón del vago era algo que estaba por ahí, en la nube esa de las redes sociales, algo casi etéreo pero muy real como consuelo de los malos estudiantes en vísperas de presentar un trabajo. Ahora el rincón del vago tiene sitio y acomodo en un despacho del Ministerio de Educación que regenta Celaa.

Cuando estamos constatando día tras día –con señaladas excepciones- el analfabetismo de nuestros escolares, sus faltas de ortografía (incluidas las de los aspirantes al profesorado) su pobre vocabulario, su falta de disciplina, su horror al esfuerzo y sus malos resultados en Europa, va Celaa y decide que además de analfabetos, vagos.

Pero nada es nuevo en esto que está haciendo Pedro Sánchez con España. Se trata del atavismo socialista de igualar por abajo. Nada de intentar la excelencia de nuestros estudiantes, de todos o de la mayoría, se trata de igualarlos en la mediocridad, en la vaguería, en la falta de estímulos por el trabajo y regalar títulos para evitar frustraciones,

O sea, no todos sobresalientes, pero sí todos con algún suspenso y título va y título viene y regalo para el caballero.

Claro que como en eso de regalar títulos hay tantos antecedentes, uno más qué importa.

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