Opinión

Desde los engaños de Sánchez a las verdades de Podemos

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados.
photo_camera Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados.

Sánchez, a pesar de sus buenas maneras, siempre miente y procura engañar a todos. Iglesias, a pesar de su mal estilo, también miente y también pretende engañar, pero en lo que se refiere a sus objetivos dijo la verdad desde el primer momento.

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Un gobierno de coalición que nació pura y simplemente para conseguir el poder unos y para lograr “tocar” poder otros, es muy difícil de mantener incólume.

El gobierno de Sánchez además de sus defectos congénitos, tiene el problema añadido de que en la Europa de Bruselas, es prácticamente imposible gobernar con un partido comunista atento siempre a conseguir sus objetivos y a contentar a sus bases. Además la galopante debilidad de Podemos y muy concretamente de Iglesias, obliga a radicalizar más los postulados comunistas y el choque se hace inevitable.

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Sánchez, a pesar de sus buenas maneras, siempre miente y procura engañar a todos. Iglesias, a pesar de su mal estilo también miente y también pretende engañar, pero en lo que se refiere a sus objetivos dijo la verdad desde el primer momento.

Con todo, Iglesias lleva razón en los continuos cambios de golpes, que él mismo provoca con sus modales destemplados y dictatoriales y cuando se queja de incumplimientos por parte de Sánchez. Desde el principio de la coalición (negociaciones a la luz del día no hubo) dejó claro lo que pretendía y lo que quería lograr desde la mesa del Consejo de Ministros, lo explicitó constantemente y lo plasmó en el papel que firmó y “abrazó” con Sánchez; por eso su argumento y el  de sus allegados, es aquello de “pacta sunt servanda”: lo pactamos y hay que cumplirlo.

Iglesias ve como se desvanecen, día a día, sus posibilidades de lograr gran parte de sus pretensiones: alquileres, salario mínimo, leyes sociales, cargas fiscales a los más ricos, leyes de supuesta igualdad, ataques a la libertad de prensa, encadenar a los medios de comunicación, quiméricas nacionalizaciones, relaciones con Europa y otras cosas que pudiera haber en el pacto y que desconocemos. Lo único que ha conseguido es la vicepresidencia, algunos ministerios y la subsiguiente pensión para él y para su pareja.

Ni Iglesias ni Sánchez engañan más que a los que se quieren dejar engañar, pero mienten y engañan constantemente y se mienten y se engañan entre ellos a todas horas. La diferencia es que uno miente en cuanto a sus proyectos y objetivos y el otro, en eso, suele decir la verdad.

Iglesias se agarra al clavo ardiendo de su vicepresidencia y, a base de exabruptos, intenta no desaparecer de algunas portadas y aparentar ante los suyos, que es alguien.

 Sánchez, mientras “el cuerpo aguante”, no va a sacar del Gobierno a Iglesias y se sienta a esperar a que el propio Iglesias se “ahogue” en un ambiente político que no es el suyo y que le deja en evidencia en su feudo que él pretende que sea la calle.

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