Opinión

La hoja de ruta (ojo, no bailar las letras) de Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Podría ocurrir que todo lo que está “cometiendo” Sánchez en lo legislativo, lo social y hasta como socialista, es algo con lo que está totalmente de acuerdo. Vamos, que es lo que le gusta para España.

Es constante la afirmación de que Sánchez, traga todo lo que traga, legisla todo lo que legisla y hace todo lo que hace, obligado por su magra recolecta de diputados, su debilidad política e incluso por su escasez neuronal para la cosa pública. Y a todo eso hay que añadir su desmedida ambición de poder, por lo que, a cambio de permanecer en La Moncloa, pasa por carros y carretas.

Y todo eso es verdad, pero podría ser solamente parte de la verdad, porque a juzgar por su trayectoria y la complacencia que, impostada o no, muestra por sus “logros”, se podría deducir que todo eso, es lo que pretende conseguir y que está en política para lograrlo.

Podría ocurrir que todo lo que está “cometiendo” Sánchez en lo legislativo, lo social y hasta como socialista, es algo con lo que está totalmente de acuerdo. Vamos, que es lo que le gusta para España.

Cuando Sánchez afirma que “en 2018 heredé un problemón” y que ahora la situación en Cataluña es infinitamente mejor, da que pensar que una Cataluña, dividida, empobrecida, hundida empresarialmente, con unos políticos huidos, procesados, indultados, ineficaces y unas instituciones paralizadas, es la que Sánchez quiere, la que a Sánchez le gusta.

Cuando dice que la economía está en alza, que la inflación es pasajera, que los impuestos son justos y que en Europa copian su gestión hay que concluir que una inflación desbocada, un paro insostenible, una seguridad social arruinada y un sector empresarial cada día más descontento, es lo que Sánchez quiere, lo que a Sánchez le gusta.

Cuando Sánchez asevera que la gestión de la pandemia ha sido ejemplar y que los españoles han salido más fuertes y que nadie se ha quedado atrás, habrá que intuir, que el número de fallecidos, los fiascos en la compra de material sanitario, el deterioro físico y psicológico de médicos y enfermeros y las consecuencias posteriores en la salud de muchos ciudadanos que engrosan las colas del hambre porque sí se han quedado atrás, es lo que Sánchez quiere, lo que a Sánchez le gusta.

Cuando Sánchez se ufana de que la democracia funciona, de que respeta la separación de poderes y de que el estado de derecho no se va a desmantelar, contemplando la situación caótica del Poder Judicial, la “ovejunidad” del Legislativo y el acoso y derribo de las instituciones de control al Gobierno, es lógico deducir que es lo que Sánchez quiere, lo que a Sánchez le gusta.

Y cuando Sánchez presume engallado de la cohesión del Gobierno y de la coalición que lo sustenta, contemplando el patio de monipodio del Consejo de Ministros y de sus componentes, no es desacertado elucubrar sobre la endeblez de una coalición muerta antes de nacer y que es lo que a Sánchez le gusta y lo que Sánchez quiere.

Si eso, por casualidad, acaso, quizás, a lo mejor, tal vez o posiblemente, fuera así, todo lo demás se convierte en una gran coartada que Sánchez ha urdido a modo de camuflaje de sus verdaderos propósitos. Y coartada serían las barbaridades de Montero (la de turismo en Nueva York) y los desafueros de Marlaska con los presos de la ETA y las memeces de Bolaños o las tonterías de López; y coartada serían la gestión desafortunada de Calviño, la verborrea fiscal de Montero (la de los impuestos) y hasta el dedazo de Maroto para incinerarla en la pira del Ayuntamiento de Madrid.

Porque es para sospechar que, todo eso, es lo que Sánchez quiere y lo que a Sánchez le gusta.

La carcajada: Para Correos (según una circular que deposita en los buzones, anunciando la venta de cestas, que como se sabe es el principal producto de la empresa) la Navidad son “unas fechas por llegar”.

 
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