Opinión

Iglesias, un fracasado político que llega como mesías

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, interviene durante una sesión de Control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, en Madrid, (España), a 17 de marzo de 2021.
photo_camera El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, interviene durante una sesión de Control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, en Madrid, (España), a 17 de marzo de 2021.

Error de Ayuso que, con el eslogan de “Comunismo o libertad”, hace media campaña a Iglesias. Grave equivocación, porque el verdadero adversario político de Ayuso en Madrid, se llama Ángel Gabilondo que fue el ganador de las últimas elecciones.

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No deja de extrañar que el responsable de los fracasos de Podemos en Madrid, tanto en las elecciones generales como en las autonómicas, haya regresado en carroza dorada y sea el centro de todas las miradas de cara al 4 de mayo. Habrá que rebuscar mucho en los entresijos de la política madrileña para averiguar las causas por las que un fracasado político irrumpa y despierte tantas expectativas, negativas o positivas, por presentar su candidatura.

Ha fracasado en la creación de una formación política que, en muy pocos años, se ha quedado en la nada.

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Iglesias ha fracasado como vicepresidente de un gobierno de coalición en el que no se le conoce una sola iniciativa brillante, un solo proyecto útil, un solo trabajo medianamente práctico.

Ha fracasado en esa misma coalición impidiendo con sus exabruptos un funcionamiento normal y en la que ni siquiera consiguió por méritos la vicepresidencia y los ministerios, pura y simplemente porque esas carteras fueron y son un regalo de Sánchez.

Tenía poco recorrido, pero ese recorrido se le está acabando.

Llega Iglesias, sacando pecho de mesías, a una autonomía en la que su formación ocupa el cuarto lugar y pretende que un partido político, Más Madrid, que le supera en 13 escaños y que le saca 300.000 votos de diferencia, se deje fagocitar por quien hace menos de dos años obtuvo 7 escaños y menos de 200.000 votos. Y no se diga que Iglesias no se presentaba porque es evidente que su arrogancia, prepotencia, afición al mando único e indiscutible y su narcisismo supone que, en todas y cada una de las elecciones, el candidato real de Podemos es siempre Iglesias.

Y por si fuera poco, en las últimas elecciones generales -en las que en la lista de Madrid su nombre figuraba en primer lugar- su fracaso no deja lugar a dudas con el resultado de 5 escaños y menos de 500.000 votos, quedando por detrás del PSOE, del PP y de VOX.

Estas son las cifras que no conviene olvidar y este es el personaje que aterriza en Madrid con aires de ser la única opción a batir y que tanto ha deslumbrado a todos, que  la misma Ayuso centra su campaña en él.

Error de Ayuso que, con el eslogan de “Comunismo o libertad”, hace media campaña a Iglesias. Grave equivocación, porque el verdadero adversario político de Ayuso en Madrid, se llama Ángel Gabilondo que fue el ganador de las últimas elecciones.

Ese deslumbramiento es el único logro de Iglesias en política (no se espera que haga campaña en las residencias de mayores, ni en las casas de los dependientes, ni en las colas del hambre) debido a los medios que le reverencian y a las bobaliconas redes sociales que tan eficazmente manejan sus adláteres.

Iglesias ha visto una forma más o menos airosa de salir de un Gobierno que le ignoraba, en el que no tenía cometido alguno y en el que se iba desgastando día a día. Salva aparentemente la cara, pero deja las sillas bien guardadas y con gente de confianza, pura y simplemente porque Sánchez permite que siga en el Gobierno “por poderes”.

Iglesias no es el salvador de la izquierda en Madrid, ni ha sido el vicepresidente regenerador, ni el político azote de los corruptos, ni siquiera el “niño terrible” del Consejo de Ministros, por mucho que él se lo crea.

Se dice que aprovechará hasta el último minuto su estancia en el Gobierno en beneficio de su candidatura, es posible. Pero lo que no podrá aprovechar es un solo logro derivado de su gestión.

Se equivocaría Ayuso poniendo el foco de su campaña en Iglesias. A tenor de los últimos resultados, ambos juegan en ligas distintas y la de Iglesias es muy inferior.

Es de esperar que en las banderolas del Partido Popular, en las calles madrileñas, no aparezca la foto de Iglesias, con este eslogan: “no votes a Iglesias que es comunista”

La carcajada: Montero, la portavoz, dice hablando del gobierno de coalición: “El acuerdo entre ambas formaciones políticas consiste, básicamente, en no dejar a nadie atrás”

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