Opinión

La quimera

Primera sesión del juicio del 1-O.
photo_camera Primera sesión del juicio del 1-O.

Todo se ha quedado en  un cuento de hadas con el que se engañó a algunos que son como niños y pensaban que todo aquello iba en serio y se creyeron que lo que se publicaba en papeles oficiales era una realidad.

Lo que el Tribunal Supremo suele poner de moda, son sentencias que establecen jurisprudencia, que sirven de guía a tribunales inferiores y a juristas dedicados al foro. Pero ahora lo que el Tribunal Supremo pone de moda, son palabras y muy concretamente, en estos días, el vocablo “quimera”, porque para el alto tribunal, lo que ocurrió en Cataluña, fue una quimera, una ensoñación y una fábula con un final no demasiado feliz.

Y fue quimera la declaración de independencia, y las leyes que separaban a Cataluña de España y ensoñación la proclamación de la república independiente de Cataluña y hasta fue, para algunos, una especie de mal sueño, la puesta en vigor de un artículo concreto de la Constitución y, por supuesto,  otra quimera el discurso de Felipe VI.

Todo se ha quedado en un cuento de hadas con el que se engañó a algunos que son como niños y pensaban que todo aquello iba en serio y se creyeron que lo que se publicaba en papeles oficiales era una realidad.

El diccionario de la Real Academia define quimera como “un monstruo fabuloso que vomita llamas”; también como “aquello que se propone a la imaginación como algo verdadero y posible pero que en realidad no lo es” y, en otra acepción, como “pendencia, riña o contienda”.

Si nos atenemos al diccionario, el Supremo no va tan descaminado, porque de todo hubo en la viña separatista. Pero lo que a muchos  extraña, es que esa quimera se haya quedado solamente en lo fabuloso, lo ensoñado y lo imposible a la hora de tipificar el delito cometido.

Porque hay que “ensoñar” mucho, para no ver ataques a la Constitución y a la unidad de España, a nuestra democracia y al Jefe del Estado, en lo que se perpetró en Cataluña, por mucho que el humo del fuego que expele el dragón, no permita ver la realidad.

Con ensoñación o sin ella, las sentencias del Tribunal Supremo sientan jurisprudencia y la sentencia de la quimera va a ser esgrimida en más de una ocasión, por más de un tribunal, por más de un fiscal y por más de un abogado defensor. Y los ensoñadores dicen que lo van a volver a ensoñar.

Y ya hay muchos que piensan que el diminutivo “quim” no viene del nombre de pila de Torra, sino que se deriva de quimera, mientras se espera con resignación la próxima ensoñación y…la próxima sentencia.

 
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