Opinión

Los políticos y las consecuencias de sus patologías

Putin.
photo_camera Vladimir Putin.

Ahora que se habla de dirigentes que deciden en función de sus ambiciones personales, de supuestos narcisismos o de dificultades intelectuales para desempeñar sus responsabilidades –y siempre respetando intimidades y situaciones personales- cabe preguntarse si pasado el tiempo no aparecerán en esos personajes de hoy, razones médicas, de una u otra índole, que expliquen ciertas conductas.

A raíz de la invasión de Ucrania se hacen cábalas sobre la salud de Putin tanto desde el punto de vista somático como desde el psicológico. Como es difícil de asimilar la crueldad y la barbarie de alguien que ordena matanzas sin cuento, bombardeos sobre ciudades indefensas y causa muertes de seres inocentes, no son pocos los que deducen que pudiera haber serios trastornos en la salud del dirigente ruso.

A lo largo de la historia siempre se ha especulado, con mayor o menor fundamento, sobre la salud de quienes tienen responsabilidades públicas y es evidente que la situación psicosomática de quien tiene que tomar decisiones graves y llevar a cabo acciones que influyen en la vida de millones de seres humanos, no deja de ser una realidad de enorme gravedad.

Recientemente se ha publicado un magnífico libro, titulado “Historia y medicina”, del que es autor el doctor Rafael Romero, que aborda desde un punto de vista histórico y profesional las biografías y las actuaciones de personajes muy conocidos y, tras su lectura, no es aventurado concluir en el hecho cierto de la  influencia, en el ejercicio del poder, de las enfermedades de esos personajes, que son objeto de un análisis perfectamente documentado y más que pormenorizado desde el punto de vista médico, por el doctor Romero,  pese a las dificultades que representa la distancia en el tiempo.

Ahora que se habla de dirigentes que deciden en función de sus ambiciones personales, de supuestos narcisismos o de dificultades intelectuales para desempeñar sus responsabilidades –y siempre con respeto total a  intimidades y situaciones personales- cabe preguntarse si pasado el tiempo no aparecerán en esos personajes de hoy, razones médicas, de una u otra índole, que expliquen ciertas conductas.

Aparecen en el libro  mencionado, desde Colón y su enfermedad articular crónica que le llevó a ser un inválido, hasta Largo caballero cuyo deficiente estado de salud fue referido por el mismísimo Azaña, pasando por el cáncer de Espoz y Mina, el pésimo estado de salud del Conde-Duque de Olivares o los delirios de Carlos II.

Y el profano en medicina no puede dejar de preguntarse cómo hubiera cambiado la historia sin la polio de Roosevelt,  sin el derrame cerebral de Lenin, sin la depresión crónica de Lutero, sin la maltrecha espalda de Kennedy, sin la hemofilia del príncipe Alfonso o sin la constante mala salud de Richelieu tras haber nacido de un parto complicado.

Los hombres con más o menos poder y con más o menos fama, están sujetos a la enfermedad como cualquier ser humano y, como afirma Rafael Romero en su libro, esas enfermedades pueden dificultar su capacidad de acción y cambiar la vida y el destino de generaciones enteras.

Puede ocurrir que a la vuelta de muchos años salgan a la luz aspectos personales de políticos actuales que, por razones obvias, ahora se desconocen y que podrían estar en la génesis y en las consecuencias de decisiones que en estos momentos, no son fácilmente entendibles.

 
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