Opinión

Los políticos manejan los tiempos

photo_camera Imagen del hemiciclo del Congreso.

Proliferan las coartadas, más o menos creíbles, para hacernos ver que los silencios o las meteduras de pata en la gestión de algunos políticos no son tales, sino producto de una mente privilegiada que administra comparecencias, declaraciones y tomas de decisión, en función de no se sabe qué conocimientos esotéricos que solo los líderes poseen.

Cada vez es más evidente el escasito nivel personal, intelectual y hasta político de la caterva de “servidores” públicos que pululan por gobiernos, parlamentos, ayuntamientos y ministerios en busca de un sueldo.

Y cada vez proliferan más las coartadas más o menos creíbles que se gestan para hacernos ver que los silencios o las meteduras de pata en la gestión de algunos políticos no son tales, sino producto de una mente privilegiada que administra comparecencias, declaraciones y tomas de decisión, en función de no se sabe qué conocimientos esotéricos que solo los líderes atesoran.

Una de esas coartadas es aquello de que “fulanito sabe medir los tiempos”. Eso, traducido al castellano puro, quiere decir que fulanito no tiene ni idea de lo que está haciendo, mucha menos idea de lo que tiene que hacer y una idea inexistente de lo que hará. Y fulanito pone cara de misterio, incluso entorna los ojos e inmediatamente sale el corifeo con cámara y micrófono a decir que fulanito maneja los tiempos. Pero ocurre que pasan los tiempos y fulanito sigue sin dar una.

También hay “fulanitos” de los que se dice que son “dueños de sus silencios” y cuando tienen que contestar alguna pregunta incómoda, dar explicaciones sobre alguna decisión o dar la cara ante alguna situación con riesgo, los fulanitos callan y de nuevo aparecerá, con toda seguridad, el “agradaor” de guardia a decir que el susodicho sabe administrar sus silencios perfectamente.

Aquello de que es mejor estar callado que abrir la boca y que todos se den cuenta de que eres tonto, está bien y es una gran verdad, pero todas las verdades tienen sus momentos y hay situaciones en las que hay que decir, hay que informar y, sobre todo, hay que demostrar que no se es tonto o, al menos, muy tonto. Porque manejar los tiempos -lo que los políticos entienden por manejar los tiempos- no deja de ser un ejercicio, más o menos golfo, de oportunismo político.

Hay esperas obligadas que dan buenos resultados y silencios impagables, pero siempre hay un límite en las coartadas, en las esperas y en los silencios y saber administrar silencios y esperas, no deja de ser un arte que muy pocos de los hombres públicos, desde el poder o desde la oposición, poseen.

La carcajada retroactiva: Decía Calviño en el pasado Mayo: “España no está en una espiral y la inflación bajará en la segunda mitad de este año”

 
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