Opinión

Por la boca… De barbas y de remojos

Susana Díaz valora los resultados de las elecciones autonómicas.
photo_camera Susana Díaz valora los resultados de las elecciones autonómicas.

Harían bien todos los partidos en mirar hacia adentro y reflexionar sobre lo que ha pasado en Andalucía, sin pensar en los demás, sin querer rentabilizar fracasos ajenos y analizar su propia realidad sin justificarse en la situación de los otros.

Como tras unas elecciones sin un ganador claro, hay que ir tomando posiciones para unas inmediatas negociaciones, todos los partidos analizan lo ocurrido desde una perspectiva más bien chata, mezquina y poniendo la mira en lo que ha pasado a los otros, más que en lo acontecido a ellos mismos.

Es normal que, de cara a la galería, se saque pecho, se sonría con satisfacción, se agranden resultados y se minimicen fracasos; pero hay que tener mucho cuidado para que, esos posibles engaños no traspasen las puertas de las sedes respectivas. Harían bien en mirar hacia adentro y reflexionar sobre lo que ha pasado en Andalucía sin pensar en los demás, sin querer rentabilizar fracasos ajenos y analizar su propia realidad sin justificarse en la situación de los otros.

Por qué motivo -sin buscar justificaciones ni causas externas- he tenido estos resultados, mejores o peores.

El Partido Socialista de Susana Díaz y de Pedro Sánchez ha sido una vez más el ganador, pero se engañaría si desde ese pírrico liderazgo, quisiera tapar la vergüenza del resultado más desastroso de su historia y se equivocaría, aún más, si se agarrara al consuelo de que también Podemos y el Partido Popular han perdido gran cantidad de votos y de escaños, o a la cantinela de la repercusión de la nefasta gestión de Sánchez

Juan Manuel Moreno y Pablo Casado, que hasta pueden llegar a gobernar, errarían el tiro si lo dirigieran solamente al eslogan del cambio, que propugnaba el Partido Popular en Andalucía, y se contentaran simplemente con echar a los socialistas de San Telmo, o con sus posibilidades de quitar a Sánchez de La Moncloa, sin analizar el evidente descenso en la aceptación de los andaluces.

Ciudadanos puede volver a caer en la misma trampa de que ha sido víctima en Cataluña. Más que celebrar -lo pueden hacer con toda legitimidad- su gran ascenso en votos y en escaños, sería bueno que determinaran las causas que hacen que nunca consigan dar el salto definitivo hacia un poder real que vaya más allá del consuelo de “influir” y decidir de, una vez por todas, qué son, a dónde van y con quién van.

Podemos, se ha dado un baño de realidad y tiene que olvidar supuestos “triunfos callejeros”, y esos aires de jovencitos rebeldes, iconoclastas y de comunistas trasnochados, para enterarse de que, a la hora de la verdad, sus exabruptos populistas y sus amenazas marxistas, no solamente no consiguen atraer más votos, sino que ya ni siquiera asustan, porque sus propias contradicciones en Andalucía -o las de sus líderes nacionales- pueden convertir a la formación en una simple anécdota.

Y el gran triunfador, Vox, que ha sabido recoger la indignación y el malestar de muchos, ahora que está en pleno auge, podría aprovechar para decantar bien sus postulados, alejándose de extremismos que no solamente no conducen a nada, sino que imposibilitarían, a medio plazo, nuevos avances.

Ahora que parece posible una alianza de derechas, es el momento de la racionalidad, de dejar aparte personalismos absurdos y, aunque en política es ridículo hablar de generosidad, sí podría hablarse de una cierta capacidad de entendimiento y de cesión abierta a la negociación.

Es el momento de remojar y de pelar barbas, pero sería bueno dedicarse a las propias sin mirar a las ajenas.

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