Opinión

Presupuestos y gobierno de coalición

Consejo de Ministros: María Jesús Montero, Pablo Iglesias y Nadia Calviño
photo_camera Consejo de Ministros: María Jesús Montero, Pablo Iglesias y Nadia Calviño

Cuando el gobierno de turno es fruto de una coalición entre partidos, o esa coalición presenta los presupuestos sin fisuras de ningún tipo o, al recurrir a los apoyos externos, las dificultades se multiplican.

La ley de presupuestos es la más importante de todas las que en un ejercicio ha de elaborar y poner en marcha un gobierno tras ser aprobada por el legislativo. Además de ser un texto fundamental para cualquier país, es la base de la trayectoria del ejecutivo por cuanto recoge sus planteamientos ideológicos y las fórmulas y la trayectoria que aspira a desarrollar.

Evidentemente las distintas coyunturas y las circunstancias por las que atraviese un país, pueden condicionar la voluntad con la que el ejecutivo se enfrenta a los presupuestos y modificar en algunos aspectos sus intenciones de partida. Además, si ese gobierno -dada una concreta aritmética parlamentaria- tiene que recurrir a apoyos externos la aprobación de la ley de presupuestos se complica.

Pero cuando el gobierno de turno es fruto de una coalición entre partidos, o los presupuestos se presentan sin fisuras de ningún tipo o, al recurrir a votos ajenos a la coalición, las dificultades se multiplican.

Eso es lo que está ocurriendo en España con la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y de ahí las continuas contorsiones que tiene que hacer Sánchez entre Ciudadanos, Esquerra y hasta sus propios coaligados, los comunistas de Podemos.

No es que el problema venga de que haya por medio (que los hay) intereses de todo tipo que poco tienen que ver con los presupuestos propiamente dichos; ni tan siquiera que las dificultades se deriven de incapacidades políticas o personales (que también las hay) de los protagonistas. Es que la fórmula está dañada desde el inicio y los vetos de unos a otros con los que tiene que lidiar Sánchez, no son más que la consecuencia de una coalición de gobierno cosida con alfiles y dependiente, para su supervivencia, de las exigencias externas de quienes velan por unos intereses no siempre confesables.

En estas condiciones solicitar un voto a ciegas, una aprobación sin más, de unas cuentas que se desconocen, de unos objetivos que no se sabe muy bien si existen y todo ello aderezado con la emergencia nacional provocada por la pandemia, no deja de ser utópico por mucho que se quiera disfrazar acusando a los otros de falta de patriotismo, de deslealtad y hasta de filibusterismo político.

En esta situación Sánchez debe de abandonar sus guiños a Ciudadanos y sus reproches al Partido Popular y apoyarse en quienes aprobaron una moción de censura.

El resto son fuegos de artificio, que ni siquiera distraen a la concurrencia.

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