Opinión

Las primarias o el timo de la estampita

Fernando Martínez Maíllo, explicando las primarias a doble vuelta.
photo_camera Fernando Martínez Maíllo, explicando las primarias a doble vuelta.

Es lógico y hasta normal que cada partido haga de la capa de las primarias el sayo que le apetezca y que cada líder use el dedo de designar como le venga en gana; pero hay que preguntarse dónde quedan los intereses de los españoles.

Lo de las elecciones internas de cada partido para designar los componentes de sus listas electorales, no pasa de ser una broma que, con más o menos gracia se gasta a los electores; no deja de ser la venta, con mayor o menor ingenio, del burro viejo de la democracia interna, de la voluntad de los afiliados y hasta del sacrificio que hacen los designados en aras de su inmarcesible voluntad de servicio público.

Y bien está, porque nadie debe meterse en las decisiones internas de cada partido, ni tan siquiera en las designaciones dactilares que hacen los líderes que -mientras se lo permitan los afiliados- están en el derecho de rodearse de sus allegados, amigos, otras gentes de confianza e incluso de pagar servicios prestados al partido y, por supuesto, al que manda.

Es lógico, y hasta normal, que cada partido haga de la capa de las primarias el sayo que le apetezca y que cada líder use el dedo de designar como le venga en gana, pero hay que preguntarse dónde quedan los intereses de los españoles.

Esa es la cuestión. A juzgar por el escaso interés que muestra la ciudadanía por afiliarse a un determinado partido e incluso su magro entusiasmo por participar en las elecciones primarias, poco importa, a afiliados o no, lo que  de puertas adentro puedan hacer los partidos.

Al español de a pie, le salen por una friolera las venganzas frías de Pedro Sánchez, el barrido de “sorayistas” por parte de Casado y hasta los fichajes estrella de Albert Rivera o de Santiago Abascal. Menos importan, las lágrimas de los defenestrados, las sonrisas fingidas de los desterrados a Europa o los intentos de transfuguismo más o menos teatrales.

Lo que de verdad importa -o debería de importar- a los españoles es la constatación de que en el trasiego de nombres, de abandonos, de fichajes y de tránsfugas, brilla por su ausencia el interés de quienes van a ser representados, la seguridad de que se designa a los mejores y la certeza de que las listas se hacen para que en Congreso y Senado, Autonomías y Ayuntamientos, se sienten quienes saben de la cosa y no quienes han tenido la suerte de seguir -en primarias o en luchas internas-  al ganador.

Y es que los intereses de los ciudadanos se quedan -ante tanta batalla interna, personal o no- en el limbo de los justos.

¿O es que va a tener razón Oscar Puente y al final lo que interesa es vivir de la política?

Comentarios
Somos ECD
Periodismo libre, valiente, independiente, indispensable