Opinión

La responsabilidad de los “culiparlantes”

Al “ovejismo” dominante entre los parlamentarios, a su falta de ideas y a su espinazo permanente doblado, lo llaman disciplina de voto y lealtad al partido.

En Inglaterra lo denominaban “parlamento rabadilla”, en las Cortes de Cádiz, a los que solamente se levantaban para votar, los llamaron “culiparlantes” y ahora, con eso de apretar el botón, ni siquiera se levantan salvo cuando a algún partido se le ocurre que “se tienen que retratar” para poder echárselo en cara en los mítines que se avecinan.

Lo que ocurre es que el “retrato” solamente sirve para que los ciudadanos conozcan algunas caras, y estaturas, porque sentados engañan mucho, y oigan el timbre de las voces de los que hasta ahora tenían las cuerdas vocales situadas en salva sea la parte

Todo va bien cuando una vez que se ha conseguido asiento en el escaño, uno se limita a “hacer posaderas”. Ejercer de “culiparlante” en el hemiciclo, supone un sueldo de esos que persigue Montero (la de la cosa fiscal) y si además se “culiparla” en una comisión hay un suplemento económico y viajes pagados y despachillo y hoteles a precio especial y “terminales tecnológicas de última generación”. Todo son prebendas por “culiparlar”. 

Como en la carrera de San Jerónimo todo va de mayorías, la mayoría de los ocupantes de asiento se limitan a vivaquear por los pasillos y a hacer excursiones gastronómicas por los restaurantes de la zona.

Todo el esfuerzo consiste en no perder de vista al llamado líder de la bancada, a estar atento a las señas con las que indica lo que hay que votar y al botón que hay que apretar y estar presto a aplaudir al jefe cuando el que pastorea inicie la ovación en el párrafo correspondiente de la perorata, y lo más importante, a final de mes, pasar por la ventanilla con la mano en actitud pordiosera (que se dice en “La venganza de Don Mendo”)

Al “ovejismo” dominante entre los parlamentarios, a su falta de ideas y a su espinazo permanente doblado, lo llaman disciplina de voto y lealtad al partido. Eso es lo más importante para quién ocupa el escaño, porque es una de las condiciones para verse incluido en las próximas listas o para lucrar una dirección general en la próxima remodelación.

Pero de pronto, unas “leyes malnacidas” se cruzan en la, más que dudosa, brillante carrera política del “culiparlante” y se encuentra con que gracias a su voto presuntamente democrático, llegó al BOE una disposición que permite salir de la cárcel y rebajar sus penas a delincuentes tan canallas, repugnantes y asquerosamente enfermos como los pederastas, los violadores y los pervertidos sexuales o que con su “sí” incondicional y disciplinado, ha hecho desaparecer la sedición en sus más variadas facetas y permite atentados contra la unidad de España.

Porque por mucho que, con toda la razón, se carguen las tintas de las críticas sobre el ministro que parió una ley, tan responsable es el paridor como todo el Consejo de Ministros, con su presidente a la cabeza, que asistió regocijado al parto y  aprobó el desafuero sin objeción alguna. Y tan responsables son todos y cada uno de quienes en el órgano legislativo, y en uso del poder que les otorgaron los ciudadanos en las elecciones, perpetraron la canallada de refrendar con su voto tamaña barbaridad. 

Y por mucho que el “combativo” diputado se refugie en la disciplina de voto y en la lealtad al partido que lo llevó en las listas y lo sentó en el machito que supone el escaño, su conciencia, por muy dormida que esté, debería comenzar a protestar y el “culiparlante” tendría que tomar alguna decisión.

Pero… a qué no.

La carcajada: Dice López: “El presidente Sánchez no piensa en elecciones, piensa en soluciones” (Pero Patxi ¿tú sabes ya, si Pedro sabe lo que es una nación?

 
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