Opinión

El segundo tiempo de Moreno Bonilla

Juan Manuel Moreno Bonilla.
photo_camera Juan Manuel Moreno Bonilla.

Tras la investidura a Moreno Bonilla se le abren muchos frentes -no todos halagüeños- y uno de los más arriscados va a ser el de su propio partido, en Andalucía y en Madrid.

Si no ganó las elecciones, el futuro presidente de la Junta de Andalucía, ha ganado la batalla de una negociación difícil, muy problemática, en la que nadie de fuera le ha ayudado, en la que ha tenido que aguantar mucho y en la que ha demostrado una paciencia y una prudencia encomiables.

Tras estas jornadas de descanso, de parabienes, de comparecencias, más o menos agradables, en los medios y una vez sentado en San Telmo, a Moreno Bonilla – que dicho sea de paso ha obtenido los peores resultados de su partido en Andalucía- le espera un segundo tiempo en el que se le van a abrir muchos frentes, no demasiado agradables, y en el que la situación del Partido Popular en Andalucía no va a ser una de las batallas más fáciles de librar.

La cosa viene de atrás y de la situación entre los “sorayistas y los cospedalistas”. Moreno Bonilla dio la cara por Soraya, no acabaron de partírsela y ahora será presidente de Andalucía.

Y ahí empezará todo.

Quienes se han preguntado las razones de las negociaciones andaluzas en Madrid o por las razones de la presencia del secretario general de los populares en la mesa, discutiendo con Ciudadanos y con Vox, encontrarán la respuesta, entre otras circunstancias en la postura de Juan Ignacio Zoido apartándose de Andalucía para recalar en Madrid, con las listas electorales en sus manos y, por supuesto, teniendo mucho que decir en las candidaturas de su partido en la comunidad andaluza.

Ni Zoido ni Casado van a dejar las manos de Moreno Bonilla sueltas y sin una cierta cantidad de cuerda alrededor. El flamante presidente va a estar muy vigilado desde Madrid, no solamente por los intereses de muchos de sus correligionarios andaluces -que no le tienen como santo de su devoción- sino por lo que el Partido Popular se juega en Andalucía con relación al resto de España.

Ni sus relaciones con Ciudadanos van a estar limpias del polvo y de la paja de Génova, ni con Vox va a tener el camino despejado de interferencias madrileñas.

A eso habrá que sumar “la calle”, las acusaciones de pacto con la extrema derecha y los estertores políticos de Susana Díaz si es que Sánchez se lo permite.

Pero eso será otro cantar.

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