Opinión

Yo voto, tú tragas, él se aprovecha

Pedro Sánchez.
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión de Control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, en Madrid, (España), a 17 de marzo de 2021.

La democracia, la decisión de “todos”, no garantiza que esos “todos” tengan razón en lo que deciden y mucho menos que les acompañe el acierto. Tampoco garantiza su capacidad de discernimiento y que su juicio sea el idóneo.

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Cuando Sánchez pone en marcha las algaradas propagandísticas y de marketing político, es porque son eficaces, porque dan votos. Y es que hay gente que se cree, o quiere creerse, la propaganda y las mentiras de Sánchez.

Como esas mentiras son tan evidentes, tan repetitivas, tan burdas y tan significativas, la versión de que se las cree el que quiere, se abre paso en cualquier análisis sociológico.

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La democracia garantiza –o debería garantizar- el cumplimiento de la formulación procedente del derecho romano que dice que “lo que a todos atañe, todos deben decidirlo”. Pero esa democracia, esa decisión de “todos”, no garantiza que esos “todos” tengan razón en lo que deciden y mucho menos que les acompañe el acierto. Tampoco garantiza su capacidad de discernimiento y que su juicio sea el idóneo para cubrir felizmente las necesidades a las que pretenden atender.

Si hay millones de votantes que son influidos por las encuestas de Tezanos, por la verborrea de Iglesias, por los malos humores de Ábalos, por los desplantes malvados de Celaá o por la supuesta seriedad de Gabilondo (por poner algunos ejemplos) alguna de las afirmaciones anteriores tiene que ser cierta.

Para justificar el voto a Sánchez no vale el planteamiento ideológico por la sencilla razón de que Sánchez no tiene más ideología que su resiliencia para mantenerse en La Moncloa y su rencor y su odio a la derecha política y a la derecha sociológica. La pretendida ideología socialista es algo de lo que Sánchez está ayuno y ha desvirtuado hasta extremos insospechados.

Si se trata de votar la eficacia en la gestión de gobierno -aun pasando por encima de mentiras, incumplimientos y falacias- tampoco es fácil valorar esa supuesta gestión de lo público.

Si de clientelismo e intereses particulares se habla, la suposición podría ser más acertada, pero las cifras no cuadran.

Solo queda la explicación de la eficacia de la propaganda y esa es una razón y una motivación que dice muy poco de la capacidad de discernimiento y del espíritu crítico de la masa con derecho a voto en España.

Y ahí es donde entra de lleno Celaá con su ley de educación fabricante de mentes vacías y de votantes aborregados.

La carcajada: Dice Sánchez que “España tiene ya un horizonte de salida”.

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