Opinión

La España Vaciada no se rinde

La España Vaciada, Madrid 31 de marzo de 2019
photo_camera La España Vaciada, Madrid 31 de marzo de 2019

La España Vaciada presentó el pasado martes, 25 de mayo, en el Congreso de los Diputados su Modelo de Desarrollo, con 101 propuestas concretas. Hay hartazgo hacia los políticos, que prometen y prometen un plan tras otro. No quieren escuchar más planes, sino acciones concretas que se pongan en marcha. La España Vaciada sigue sufriendo, pero no se rinde.

Si los políticos se mueven por votos, ahí está el ejemplo de Teruel Existe como agrupación electoral, que se presentó a las elecciones generales y ahora tiene un diputado y dos senadores, literalmente “barriendo” a PP y PSOE en la provincia turolense.

Teruel Existe fue el movimiento impulsor de la manifestación en Madrid, el 31 de marzo de 2019, bajo el lema “Revuelta de la España Vaciada”, que congregó a unos 100.00  manifestantes de toda España, 50.000 para la policía.

¿Se presentarán más plataformas o movimientos de la España despoblada a próximas elecciones autonómicas o/y generales? PP y PSOE no contemplan esa opción, aunque deberían trabajar con esa hipótesis.  Por ahora la España Vaciada prefiere no desvelarlo, ni siquiera se lo plantea,  al menos en público.  En buena parte, depende de cómo se aprecie los logros que Teruel Existe ha obtenido al lanzarse a la arena política.

En la presentación del Plan Pueblos con futuro, un montaje más de Pedro Sánchez, intervino cuatro minutos Ana Iris Simón, una escritora joven manchega, autora del libro “Feria”, delante del presidente del Gobierno, que oyó lo que no querría haber oído.

La escritora empezó con un “me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad”. Tal vez es la voz que expresa lo que piensa una generación, ahora que tanto se habla de la España Vaciada – se habla, todavía se concretan pocas acciones -, se analiza la despoblación como algo inexorable, a la vez que se ensalza la calidad de vida en pueblos y ciudades pequeñas.

Ana Iris Simón aludió al origen, las raíces, la familia, la maternidad, el empleo estable, las ilusiones y el futuro, sin complejos y con agudeza. Afirmó que “la aldea global arruinó a la aldea real”: esa sola frase requiere un análisis profundo. Y que preferimos “importar de fuera la natalidad en lugar de fomentarla dentro”: en definitiva, que preferimos que las pensiones del futuro las paguen los inmigrantes, en vez de las familias españolas, donde se evitan el matrimonio y los hijos, por razones ideológicas, laborales y de seguridad personal.

Su final fue para enmarcar: “no hay agenda 2030 ni plan 2050 si en 2021 no hay techo para placas solares porque no tenemos casas ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos”.

Todo un baño de realismo, del que tan necesitado está Pedro Sánchez, y también la sociedad española en su conjunto, que ante estos problemas parece anestesiada y sin recursos para cambiar la situación. La comodidad y el economicismo nublan la vista para reconocer que, en el pasado, hay aspectos que funcionaban mejor, y que el paso del tiempo no siempre supone en todo una mejora. Las civilizaciones avanzan, y a veces retroceden, aunque no todos estén dispuestos a reconocerlo.

La despoblación fue convirtiéndose en una realidad en España hace 70 años a causa de la economía, la educación y los servicios.  No es un problema de hoy. Millones de españoles que se trasladaron a vivir a grandes o medianas ciudades vuelven a su pueblo de origen a pasar días o temporadas, con notable alegría, con cierta dosis de nostalgia buena.  Las raíces se avivan, los lazos familiares se consolidan, nadie se considera superior a nadie por haber logrado en las ciudades una proyección laboral o académica que en los pueblos no pueden lograr, la convivencia rural enriquece a unos y otros.

La España Vaciada nos dio un ejemplo el martes, que es un auténtico hito de lucha para frenar la despoblación, para lograr una calidad de vida en los pueblos acorde con nuestro tiempo y el desarrollo tecnológico. Y la joven escritora Ana Iris Simón reclamó un estilo de vida que envidia, que entronca con muchas de las peticiones de la España Vaciada. No es cuestión de nostalgia, sino de calidad de vida, de justicia y derechos.

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