Opinión

Limpiar la política

Congreso de los Diputados.
photo_camera Congreso de los Diputados.

La corrupción política es excesiva en España. Siempre la habrá, como en toda actividad humana, pero el nivel que ha alcanzado la corrupción es intolerable. Los casos y nombres propios los puede recordar cada uno, no hace falta hacer una lista. Es una causa importante del alejamiento de los ciudadanos respecto a la política y los políticos, y un factor que aviva los populismos y la tan cacareada “volatilidad” del escenario político.

Muchos políticos son honrados, pero unos prevarican o malversan fondos, otros entran en el tráfico de influencias, otros colocan a familiares o amigos en perjuicio de la debida profesionalidad, y otros abonan gastos privados con fondos públicos. Me resisto a aceptar que tenemos los políticos que nos merecemos, hagamos algo entre todos.

Ahora, por ejemplo, es el momento de las candidaturas a las elecciones autonómicas, municipales y europeas. Según cada partido, la elección se hace de un modo u otro. La elección de candidatos es una primera fase de responsabilidad: la política es poder y dinero ajeno, por lo que hacen falta políticos honrados.

Los partidos viven casi obsesivamente del marketing y las apariencias. Olvidan que presentar candidatos honrados es la primera decisión acertada: obtener votos es generar confianza ciudadana hacia un candidato.

Los partidos políticos, en ocasiones, presentan candidatos sobre los que hay un nubarrón de dudas sobre su honradez, casi sólo con la duda de si los asuntos turbios acabarán en el juzgado y si será condenado o no: ahora tienen ocasión de elegir candidatos honrados.

Cuando algo huele a podrido, no suele fallar: es que está podrido o tenemos una cloaca al lado. Ahora que los partidos hablan tanto de renovación y regeneración, buscando también candidatos independientes, no debería ser tan difícil retirar de las candidaturas a quienes huelen a podrido, incluso si son ahora alcaldes o diputados. No es juzgar con precipitación, sino garantizar la honradez de los candidatos, por el bien del propio partido: basta recordar la frase de Plutarco, sobre Pompeya Sila, la mujer de Julio César: “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino también parecerlo”. Pues un candidato en una democracia debe estar limpio.

Además, si los dirigentes tienen perspectiva política, saben que las sospechas fundadas y extendidas hacen mucho daño al partido, por lo que electoralmente les interesa que haya candidatos limpios: en un municipio pequeño o mediano se conoce bastante bien a los candidatos, las turbulencias que se comentan en comercios y bares, y se sabe más de lo que parece.

Puede ser que se mantenga en listas a candidatos por el temor a que “hablen”: a veces, se cubren unos a otros. También hay infundios y campañas difamatorias: cada partido ha de averiguar si lo son o no.

No sólo está en los partidos la limpieza necesaria, aunque todo lo que avancen en transparencia es imprescindible, y en esa tarea están implicados dirigentes, militantes y sociedad.

Por otra parte, el rigor y la profesionalidad de los medios de comunicación exigen hacer un esfuerzo para informar – sin miedo o con él, con valentía y aceptando riesgos -, sin silencios clamorosos ni campañas orquestadas.

También los votantes hemos de hacer un esfuerzo por entender a los políticos, sus posibilidades y limitaciones, sin pensar que todos los males vienen de ellos. Cada uno hemos de participar a nuestro nivel, informarnos. Es posible limpiar la política, aunque difícil.

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