Opinión

Mensajes y peticiones de la CECE

Representantes del congreso de la Confederación Española de Centros de Enseñanza, en el Ayuntamiento de Alicante con el alcalde.
photo_camera Representantes del congreso de la Confederación Española de Centros de Enseñanza, en el Ayuntamiento de Alicante con el alcalde.

La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) ha celebrado su 49º Congreso en Alicante, el fin de semana pasado.

Esta patronal del sector educativo reúne a miles de centros privados y concertados de toda España, con el pluralismo como insignia, pues representa a centros privados y concertados, de titularidad laica y religiosa.

En la enseñanza, o si se prefiere utilizar el término de “educación”, todo esfuerzo y cualquier avance constituyen un multiplicador. Si hay un sector que es y debe ser inconformista, atento a los cambios sociales, es el de la enseñanza.

La enseñanza en España tiene las deficiencias que ya conocemos, y algunas dificultades de más entidad que en otros países de nuestro entorno. Se nos llena la boca con la palabra “libertad”, pero la LOMLOE es un claro ejemplo de imposición, no dialogar, tal vez aprovechándose de que nuestra sociedad está agobiada o narcotizada, que tal vez es las dos cosas a la vez, fruto de la crisis económica.

Me parece muy positivo que Alfonso Aguiló, presidente de CECE a nivel nacional, haya insistido en que la queja no es solución para los problemas de la enseñanza. Nos llegan frecuentes quejas: de profesores hacia los alumnos y hacia los padres; de padres que lamentan el poco nivel de los profesores o la falta de comprensión hacia sus hijos; y así podríamos continuar.

Ante una sociedad compleja y con cambios vertiginosos – procesos que antes necesitaban una generación ahora se producen en un par de años -, Aguiló subrayó que hace falta un especial esfuerzo de trabajo en equipo, de unidad ante los retos educativos. 

Va siendo hora de aparcar individualismos, inercias y mediocridad. Los profesores argumentan que deberían estar mejor considerados y mejor remunerados, como justificando la falta de esfuerzo, la ausencia de un vivo interés por actualizarse,  y sumar en el centro educativo, con las familias, con los alumnos.

Hace pocos días me lo comentaba un profesor: “Tengo una colega que se pasa todo el día, todos los días, quejándose de todo: es agotador”.

No hay soluciones milagrosas ni la enseñanza se mejora sustancialmente con leyes ni en un día. Ni, por supuesto, con discursos.

Lo dijo Aguiló en el discurso de clausura del Congreso: “si queremos que nuestros alumnos deseen saber siempre más, todos nosotros debemos también desear saber siempre más”.

El presidente de la CECE no da puntada sin hilo. Al pedir trabajo en equipo, pidió “aprender de quien piensa de manera distinta a nosotros”. Se dice pronto, pero se consigue con una perspectiva que ve en el pluralismo y en la libertad un sumando, no un freno para imponer criterios educativos. Discrepar no equivale a entorpecer. En la cultura española necesitamos una buena dosis de aprender de los demás, sin refugiarnos en los que piensan o actúan como nosotros.

La petición del presidente de la CECE fue nítida: implicación de todos, con un claro mensaje de esfuerzo y superación, para lograr que el mejor talento se dirija hacia la enseñanza, también porque educar sea una tarea con mejor consideración y reconocimiento social.

 

La CECE pidió que se huya de estereotipos simplificadores, como los dirigidos hacia la escuela concertada. Expresamente dijo que huye de la confrontación entre enseñanza pública y privada, alentando una buena escuela pública, pero sin dificultar el terreno a la enseñanza concertada y privada. Respetar, no enfrentar.

Pienso que fue un Congreso jugoso. Allí estaban quienes trabajan y se esfuerzan, cada día, en centros que son de iniciativa social, concertados o privados. Tienen muchas cicatrices por ese empeño, no hablan de teorías, sino de la vida cotidiana.  Se puso el dedo en la llaga, con valentía y realismo, lanzando mensajes de optimismo y superación.

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