Opinión

Pablo Iglesias va a la suya

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Tenemos un vicepresidente segundo del Gobierno que va a la suya, que no es precisamente la suma de aspiraciones y deseos de la mayoría de los españoles. Le importa un comino, porque para él la democracia es sólo una vía para llegar al poder, y ya en el poder él interpreta las necesidades de los ciudadanos. Es el más puro axioma marxista, del que Iglesias y su partido, Podemos, dan continuamente pruebas de ello.

Por si estar en el poder le dura menos de lo que desearía, no se priva de un buen chalé en Galapagar y una niñera que le pagamos entre todos. Y su pareja, Irene Montero,  ministra de Igualdad, calentando motores ya para las manifestaciones del 8-M, aunque la Delegación del Gobierno en Madrid ha avisado que no permitirá manifestaciones de más de 500 personas. 

Pablo Iglesias va a la suya, consciente de que Pedro Sánchez es un prisionero suyo. Ayer mismo el presidente del Gobierno dijo que la coalición con Podemos sigue plenamente vigente pese a las diferencias que han aflorado: cuando un político como Sánchez dice que sigue todo en pie, uno no sabe si creérselo, si evocar al momento en que dijo que no podría dormir tranquilo gobernando con Podemos, o simplemente que el podemita hace y dice lo que quiere porque sabe que Pedro Sánchez traga todo con tal de gobernar.

Es asombroso lo que hemos visto en esos días, en un vicepresidente del Gobierno. Cuestiona la normalidad democrática en España, y se ratifica, con el fin de alentar y aprovecharse de las protestas que iba a haber por el encarcelamiento de Hasél. Ataca la Monarquía. Echa en cara que no hay libertad de expresión, y persigue amordazar a los periodistas. 

En los recientes comicios celebrados en España, Podemos sigue bajando. Pero, le quede poco o mucho a Pablo Iglesias de estar en el poder – como el centoderecha no se ponga de acuerdo  puede estar más años de los que creemos -, él va a la suya, alienta el proyecto de Irene Montero de la ley “trans”, y parece que pretende cautivar a una parte del descontento social por la crisis, la pandemia, el paro juvenil, como si él no gobernase. Es un juego continuo, en el que asombra que se enfrente en público a miembros de su Gobierno, utilice otros cauces que las reuniones del Gobierno, y Pedro Sánchez le sigue tan agradecido.

Para frenar un poco a Iglesias, parece que se turnan las ministras Carmen Calvo, María Jesús Montero, Nadia Calviño y Margarita Robles, con desigual resultado. De esa tarea se desentiende Pedro Sánchez.

Su apoyo a las manifestaciones violentas tras la detención de Pablo Hasél es incomprensible en democracia, pero no para Pablo Iglesias, que parece decirnos que democracia es lo que él entiende y quiere como democracia. Una tutela completa al estilo cubano o venezolano. Y le secunda Pablo Echenique, justificando esa violencia callejera con que hay un 40% de paro juvenil, y que ahí está la raíz de la violencia.

Por cierto, para quien tenga interés por saber las condenas de Pablo Rivadulla Duró (Lérida, 1988), más conocido como el rapero Pablo Hasél, puede servirle consultar Wikipedia, para formarse una opinión propia.

¡Y es ministro de Derechos Sociales! ¿Qué está haciendo en pandemia? Va a lo suyo.

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