Opinión

Vuelve el debate sobre el aborto

Irene Montero
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Aunque insista la ministra de Igualdad, Irene Montero, no existe un derecho al aborto,
porque el derecho está de parte del embrión humano, que debe ser protegido.

El aborto es una cuestión que muchos prefieren no abordar, resulta “desagradable”, tal
vez por remordimientos de conciencia.

Los que son partidarios porque ven que les conviene que siga legalizado pero que no se
hable de ello; los no partidarios, porque detectan un clima social de considerarlo como
algo moderno y “progre”, y no quieren ser tachados de “conservadores”, e incluso
renuncian a exponer sus razones, que por cierto están avaladas por la ciencia, por la
biología. Hay un temor a ser etiquetados o, en otros casos, evitar significarse porque sea
un freno en su carrera política o profesional.

El aborto no es cuestión de creencias religiosas, sino de dignidad humana. La
esclavitud costó siglos que se aboliera, y todavía existe en algunos países del mundo.
Espero que, entre todos, no cueste tanto recuperar una cultura de la vida, después de que
haya avanzado tanto en pocas décadas la cultura de la muerte que significa la aceptación
social y legal del aborto

No todo es responsabilidad de los políticos. Espero que los Colegios de Médicos se
pronuncien, porque la profesión de médico surgió para defender la vida. Vivimos en una
sociedad democrática, existe la libre expresión: por eso mismo, apena comprobar las
acciones y omisiones. No quiero ser cómplice con mi silencio.

Una joven ministra socialista impulsó la Ley del Aborto en 2010, Bibiana Aído. Tenía
31 años. Ahora, otra joven ministra, que llegó al cargo con esa misma edad, Irene
Montero, está decidida a reformarla para facilitar más el aborto. La podemita Montero
acaba de reafirmar que tiene prioridad este asunto, y que quiere que se apruebe antes de
acabar 2021. Bibiana e Irene tienen en común el mismo objetivo sin aceptar diálogo.

Lo que parece pretender Irene Montero es lograr un “aborto exprés”, eliminando los tres
días de reflexión obligatorios antes de proceder a matar al embrión. Objetivo que
pretende también, y más grave todavía, es prohibir la objeción de conciencia de los
médicos y el personal sanitario, en definitiva obligar por ley a matar embriones: ha
afirmado que los derechos de los médicos no pueden estar por encima de los de las
mujeres. Y también pretende penalizar lo que denomina “acoso a pie de calle” de
grupos o personas antiabortistas, es decir, perseguir toda acción pro-vida.

Todo esto sucede cuando todavía el Tribunal Constitucional no ha resuelto el recurso,
presentado por 71 diputados del PP en 2010, contra la Ley del Aborto. Semejante
demora no tiene justificación en un Estado de Derecho: bate récords.

Irene Montero tiene prisa por diversos motivos. Por su sectarismo reiterado, porque
quiere mantener votos de Podemos, porque quiere figurar como exponente de un
feminismo identificado con el aborto, por distraer la atención política.

 

Quienes tenemos razones de peso para estar a favor de la vida y en contra del aborto
hemos de superar la comodidad, la pasividad, y aportar luces al debate.

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