Opinión

Claves sobre la ‘rajada’ de Miguel Sebastián contra El País

El origen inmediato de la airada reacción de Miguel Sebastián hay que buscarlo en una información publicada ese día por la cabecera del Grupo Prisa en la que se aseguraba que Industria iba a elevar el impuesto de matriculación de los automóviles, del que en estos momentos están exentos el 37% de los coches que salen al mercado.

La ‘rajada’ contra el periódico que dirige Javier Moreno se produjo en los pasillos del Congreso de los Diputados y dejó bastante perplejo a algún testigo que la escuchó. No entendía nada. Parecía un tanto desproporcionado.

Poco después, el propio Ministerio fue aún más allá y difundió un comunicado explicando que ni se subía el impuesto, ni se había estudiado siquiera esta posibilidad. Todo era una completa falsedad. ¿Por qué tanta vehemencia? ¿Por qué tan duros calificativos hacia el periódico de Prisa?

Para encontrar algunas pistas sobre lo sucedido quizás sea útil remontarse al año 2009. Por aquel entonces, el sector audiovisual español asistía a un interesante pulso entre las principales empresas de comunicación del país interesadas en consumar una fusión de cadenas que les permitiera lograr el liderazgo nacional.

Telecinco y Antena 3 eran los principales actores de este proceso. En frente se encontraban las dos televisiones más pequeñas: Cuatro (Grupo Prisa) y La Sexta (Mediapro). Juan Luis Cebrián y Jaume Roures jugaban una partida de ajedrez de vital importancia. Y fue precisamente el posicionamiento de los miembros del Gobierno a favor de una u otra opción lo que derivó en un enfrentamiento que aún colea.

Zapatero pidió neutralidad a los ministros de su Ejecutivo. Pero cada cual jugó sus bazas según juzgó más conveniente. Y hubo cierta división.

Fusión Cuatro – laSexta

-- Esta opción fue defendida entonces por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y por personas de su confianza, como la vicepresidenta Elena Salgado o el jefe de Gabinete del Presidente, José Enrique Serrano.

-- Los partidarios creían que lo más conveniente para el Gobierno socialista era una fusión entre Cuatro y laSexta. Se podría consumar “en dos minutos”, argumentaban. Competían por el mismo público y sustentaban un modelo de cadena absolutamente complementario. Iban a liderar la audiencia juvenil, de entre 25 y 35 años, muy atractiva para la publicidad. La suma de ambos era muy sencilla.

--Esta apuesta permitía resolver, por fin, la tediosa ‘guerra del fútbol’ que consumía las energías de los contendientes y afectaba gravemente a los clubes, que sufrían en sus arcas la caída de ingresos por la menor asistencia de los aficionados a los campos. Se iban a acabar las interminables demandas judiciales entre Sogecable y Mediapro y los artículos provocadores en prensa (El País y Público). La compañía resultante podía dominar la televisión de pago y en abierto.

--Las dos empresas no sólo compartían intereses comunes sino que –lo que era más interesante para el Ejecutivo- iba a dar vida a una televisión líder y sensible a las demandas del centro izquierda español. Era la creación, por tanto, de una plataforma muy capaz de apoyar al Gobierno en el futuro.

Fusión Telecinco – laSexta

-- Fue una opción que apoyó sobre todo el ministro de Industria, Miguel Sebastián.

-- Su tesis era la siguiente. Observando el perfil de los propietarios de las dos cadenas líderes en España, Telecinco y Antena 3 TV, saltaba a la vista un hecho significativo: eran dos empresas de capital italiano, no español, y con dueños de perfil conservador, de derechas. Si se apostaba por una fusión Cuatro-laSexta la cosa se iba a poner peor. Se dibujaría en lo ideológico un panorama inquietante para el PSOE: dos cadenas contra una, es decir, habría mayoría de plataformas con una ideología de derechas.

-- Por eso, Sebastián apostaba por impulsar una fusión entre Telecinco y laSexta, que podía generar justamente lo contrario. Con Cuatro alineada siempre en tesis progresistas –con mayor o menor sintonía con el Gobierno-, laSexta acercaría al canal de Berlusconi hacia terrenos más claramente cercanos al socialismo. De cara a un agravamiento de la crisis económica y un posible adelanto electoral, Zapatero podría contar con dos televisiones afines.

Y así se forjó el primer roce entre el Grupo Prisa y Miguel Sebastián. Cebrián siempre se entendió mejor con Rubalcaba. Infinitamente mejor. Y el ahora vicepresidente primero (y candidato ‘in pectore’ a suceder a Zapatero) nunca vio con buenos ojos a Sebastián, siempre cercano al presidente y ajeno a sus deseos y maniobras.

Legislar contra Prisa para que naciera Gol TV

Pero es que Miguel Sebastián fue mucho más allá: se atrevió a legislar en contra de los intereses del Grupo Prisa. Que ya es mucho legislar.

Efectivamente, en el verano de aquel mismo año 2009, el ministro de Industria forzó la aprobación de la TDT de pago. Y lo hizo –todo hay que decirlo- con nocturnidad y alevosía. Para empezar empleó el último consejo de ministros antes de las vacaciones (el día 13 de agosto), se sirvió de un real decreto ley redactado con carácter de urgencia y desoyó el parecer contrario emitido por el Consejo de Estado (más partidario de que se utilizara un proyecto de ley consensuado en el Parlamento).

El Grupo Prisa jamás le perdonó a Miguel Sebastián aquella maniobra que puso fin al monopolio que ejercía Digital + en España sobre el negocio del fútbol de pago por visión. Porque así fue. Un día después de entrar en vigor el decreto de Sebastián, Mediapro presentó en sociedad una alternativa llamada Gol Televisión . Y sólo unas semanas después, dio inició la Liga de Fútbol.

A juicio de Cebrián, aquel real decreto se firmó, única y exclusivamente, para favorecer los intereses económicos y comerciales de “la televisión que dirigen varios amigos personales de Zapatero y Sebastián”.

Como se puede comprobar, la animadversión entre el Grupo Prisa y Miguel Sebastián viene de lejos. De aquellos polvos, estos lodos.

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