Opinión

Hablar raro

Asamblea del Círculo Podemos Albacete.
photo_camera Asamblea del Círculo Podemos Albacete.

Al pretencioso empleo de neologismos procedentes del inglés, que provocan tanto incordio en el ambiente profesional, se ha sumado en los últimos años el cargante uso de expresiones familiares en determinados credos políticos. O de frases sugeridas por modas pasajeras. Cualquier cosa antes de tratar de utilizar bien el idioma, porque lo que prima ahora es un galimatías epatante que permite descubrir en nuestro interlocutor su nivel de presunción o de estulticia.

Desafiando a la semiótica, inventores de palabras como el personaje de La Colmena magistralmente interpretado por Cela llevan tiempo pariendo chuminadas léxicas que de inmediato se asumen por no pocos incondicionales. Muchas de ellas no se sabe a ciencia cierta qué significan, aunque por el contexto podamos intuirlo. Con frecuencia, son también aprovechadas por los medios para garantizar un mínimo grado de originalidad en una sociedad cada vez más estólida.

Los nuevos términos derivados de hábitos en boga sin relación con la política no suelen producir, sin embargo, tanta antipatía. Al cursar con fugacidad y no querer imponerse, acostumbran a pasar al olvido casi sin darnos cuenta. En el cementerio de locuciones de ese estilo están o estarán pronto “punto pelota”, “eso no, lo siguiente”, “desde el minuto uno”, “venirse arriba”, “en cero coma”, “eso no tiene recorrido” o “como si no hubiera un mañana”, entre otras muchas. Y, en el columbario de palabros y frases egregias, recordamos aún las concebidas por el gran Chiquito de la Calzada, irreconocibles hoy para las nuevas generaciones.

En contraste con esta peculiar forma de expresión, las jerigonzas de naturaleza política son las que más repatean, justamente por tratar de extenderse con perversa intención de adoctrinamiento. Ahí están para confirmarlo los crípticos y repelentes “observatorios para empoderar a los miembros y miembras de las confluencias heteropatriarcales formadas por gentes anticasta, inscritos e inscritas para garantizar el triunfo inclusivo del macho alfa en el círculo transversal de la dignidad ciudadana”. Y por ahí seguido. Esta insufrible neolengua orwelliana, con vana apariencia de solidez, acentúa la completa carencia de argumentos de quienes la adoptan, porque, como sabiamente sostiene el lingüista norteamericano Lakoff, cuando se piensa que lo único que faltan son palabras, lo que realmente faltan son ideas.

Como queda dicho, a esta irritante logomaquia de hoy le importa un bledo lo que quiera expresar, porque su principal objetivo es hablar raro. Por eso, extraña que en esta época en la que todos somos unos genuinos cracks, como gusta decirse en el argot juvenil, y en la que hasta el más más tonto hace relojes, cunda tanto el papanatismo en el seguimiento de estas monsergas.

Menos mal, de todos modos, que el final de este tormento verbal parece estar venturosamente a la vuelta de la esquina. Cuando dentro de poco volvamos a escuchar estas cantinelas, nos producirá la misma sensación que ver fotos antiguas de amigos con pantalones de pata de elefante, con chaquetas de pana rayada o con patillas como las de los detectives de la Agencia Pinkerton.

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