Opinión

Cosas positivas en el largo túnel del coronavirus

Según el Índice de Confianza Empresarial publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el 16 de abril de 2020, el 75% de los empresarios españoles son pesimistas sobre la evolución de su negocio en el segundo trimestre del año. Solo el 3% de empresarios dice ver un panorama más favorable. El Índice de Confianza de los Empresarios cae un 26,9% respecto al primer trimestre del año, situándose en 95,5: por debajo de 100 el índice es negativo.

En economía, es casi tan importante el estado de ánimo de los actores económicos, como los datos estadísticos. Algunos de los más recientes y famosos premios nobeles de economía, como Robert Schiller (2013) y Richard Thaler (2017) defienden la teoría económica del comportamiento. Hace poco, Schiller publicó “Narrative Economics: How Stories Go Viral and Drive Major Economic Events”.

Historias que se cuentan y se hacen virales y pueden desembocar en tsunamis económicos. Si, en el siglo XII, sin imprenta ni medios de comunicación como los conocemos hoy, ni mucho menos redes sociales en Internet, una homilía el Papa movilizaba toda la Cristiandad en cuestión de meses debido a la transmisión de la información en las parroquias en la misa dominical, cuánto más hoy en que, medios de comunicación y redes sociales convierten en acontecimiento de alcance mundial no ya lo que diga o haga un famoso, sino el gesto gracioso de perro bonito o un simpático gato. En cuestión de minutos un acontecimiento en sí mismo menor se hace universal a través de Facebook, Instragram, Whatsapp (estas tres primeras, la misma empresa: Facebook), Twitter, TikTok e incluso la red profesional LinkedIn que pertenece a Microsoft, y otras redes sociales.

En economía sucede lo mismo. Y, desde la Gran Recesión previa, el interés de los españoles por la información económica y financiera se ha disparado. Lo detectó en el primer trimestre de 2013 el Estudio Advice de Éxito Empresarial y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), también, el segundo trimestre del mismo año.

En situación de pandemia por coronavirus y con la actividad económica y empresarial casi parados en su totalidad, los datos económicos son noticia continua. Desgraciadamente, abundan los datos económicos negativos. Y si la alegría es contagiosa, la tristeza también. En períodos de bonanza económica con mucho empleo y buenos salarios, las personas disparamos nuestro consumo.

En situaciones económicas malas sucede exactamente lo contario. En abril de 2020, tras un mes de confinamiento en casa -inédito en la historia moderna- los datos económicos negativos se suceden y, por eso el ánimo de los empresarios -los que en una economía de mercado y libre empresa crean riqueza y empleo- está por los suelos. Máxime en un país como España cuyo tejido empresarial se compone en un 99,98% de pymes (3,3 millones de empresas, según el INE) y, de ellas, el 95,4% son microempresas (0 a 9 empleados) y, de ese porcentaje, los autónomos son mayoría alcanzando los 3,2 millones de personas, en un 54%, autónomos sin asalariados.

En Europa, según Eurostat, las pymes doblan de media el tamaño de las españolas. Y, en Estados Unidos, se considera pyme una empresa menor a los 500 empleados, es decir, más del doble que las europeas. A priori, como dice el refrán norteamericano “size is important”, el tamaño es importante. Y, a tenor de lo sucedido en crisis económicas previas, sabemos que, en nuestro país, los primeros en caer son las pymes y autónomos.

Cuánto más aún si las grandes empresas españolas (0,12% del total, no llegan a 4.000) pueden dejar de ganar 40.000 millones de euros este año; cifra equivalente a lo que dejaría de ingresar Hacienda en 2020 vía impuestos.

Estados Unidos (330 millones de habitantes) ha perdido 17 millones de empleos en un mes. España (47,1 millones de habitantes) ha mandado al paro a 5 millones de personas. Con la actividad empresarial parada, no hace falta atender a las muy negativas -y demasiado prontas para tomarlas al pie de la letra- previsiones económicas del FMI para saber que la economía mundial, la norteamericana y la europea viven un momento muy complicado.

La producción industrial cae en picado en todo el mundo; en España el -95% según datos de CaixaBank Research. Y eso que tenemos poca industria porque vivimos del turismo, dividido a partes iguales entre turismo nacional y turismo foráneo. Ya se ha perdido la “campaña de Semana Santa”, con pérdidas económicas empresariales de 18.000 millones de euros.

Y no han venido turistas extranjeros porque no se puede viajar: en Estados Unidos, el gobierno ya ha rescatado todas sus aerolíneas puesto que la experiencia americana del parón de viajes en avión tras los atentados del 11S de 2001 acrecentó la recesión económica iniciada en marzo de 2000 con la caída bursátil de las llamadas “Punto.com”.

Francia y Holanda se disponen a rescatar AirFrance-KLM. Veremos qué pasa en España con Iberia. Evidentemente no es culpa de Luis Gallego, presidente de Iberia, que los aviones estén en tierra y que AENA (gestora de los aeropuertos españoles) funcione al 3% de su capacidad. Pero el gobierno británico de Boris Johnson -el mismo que negó el virus y acabó en la UCI y quiere separarse de Europa porque “United Kingdom es lo primero”- estaría dispuesto, según FT, Wall Street Journal y Bloomberg “a romper la alianza IAG que aúna British Airways e Iberia” (y a Vueling, Iberia Express) y rescatar a la empresa británica, dejando a la empresa española más sola que la una. Bendita solidaridad británica…, si fuere cierta la información. Según Exceltur, la patronal del Turismo (13% del PIB o 130.000 millones de euros al año) español, en 2020, España dejará de ingresar 56.000 millones de euros fruto, esencialmente, de la ausencia del turismo internacional y, en menor medida, del turismo interior porque, si en algún momento se nos deja viajar es muy probable que la primera visita que hagamos no sea a Disney World París sino a nuestros padres y familiares que viven por toda España.

El consumo se ha desplomado un 68%. Y el gasto, también. Los datos de CaixaBank Research de 14 de abril de 2020 -reiterados por BBVA Research el día 16 del mismo mes- son demoledores: solo aumenta nuestro gasto en comida y en productos de higiene y farmacéuticos. Supongo que es lógico y que el dato no necesita más explicación.

No es consuelo que aumente el comercio electrónico, porque la categoría de productos de que se puede comprar hoy es muy limitada: reitero, se dispara la compra de alimentación y esto es bueno para las empresas de alimentación (Calidad Pascual, Danone, Campofrío, CLH, Puleva, Unilever, Nestlé, El Pozo, etc) y es bueno, la sociedad, estemos agradecidos porque garantizan el suministro alimentario.

Un apunte: en Estados Unidos, los norteamericanos compraron en un día, el 15 de abril, tres millones de videojuegos de Nintendo para su consola Switch (“Animal Crossing™: New Horizons”); su acción se disparó en Wall Street y en Tokio; no se vendieron más juegos porque no los había, dado que, en marzo, hubo carencia de producción: los componentes proceden de China. No juego a videojuegos, pero son un fenómeno económico no pasable por alto. Porque puedo seguir ad eternum contando noticias negativas y no acabar: en marzo, la venta de coches se desplomó el 70%, con fuerte repercusión en fabricantes, proveedores y concesionarios; la actividad del comercio no alimentario, bares y restaurantes -éstos, el 5,4% del PIB- cayó el 100%; pero no tenemos por objetivo deprimir a nadie. Al contrario, es oportuno contar cosas buenas.

Un banco español lanza un video “feel-good” como los de la lotería de Navidad (Bankinter) y se hace viral. Pero CaixaBank que, en España es líder en todos los mercados y segmentos, por tanto, -también en el colectivo de pensionistas que alcanza 10 millones de personas-, adelantó al día 15 el cobro de la pensión. Esto es esencial. Uno de los colectivos más desfavorecidos en España es el de nuestros mayores. No voy a reiterar lo que sabemos por las televisiones en su relación al virus, las residencias, o su vida en soledad. Adelantar el cobro de la pensión a un colectivo tan amplio como necesitado y vulnerable no sé si es un gesto de humanidad, de responsabilidad social empresarial o lo que sea. CaixaBank tiene miles de empleados que son voluntarios en actividades que el banco canaliza a través de la Obra Social que pertenece a la Fundación La Caixa que preside Isidre Fainé. Como le conozco sé que la vocación social, humanitaria, tanto de la Fundación La Caixa -primer accionista de CaixaBank- como del banco son genuinas. Por ejemplo, el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete y los presidentes de Fundación Telefónica, César Alierta, y Fundación La Caixa, Isidre Fainé, que juntos impulsan el programa de educación digital ProFuturo, han donado 1.000 tablets a la Comunidad de Madrid para que niños y niñas en situación de vulnerabilidad puedan acceder a recursos educativos y seguir aprendiendo desde casa mientras permanezcan cerrados los centros educativos de la capital. Esta donación forma parte de un plan de colaboración de ProFuturo con otras administraciones públicas y organizaciones para extender la iniciativa a hospitales y residencias para que enfermos de COVID-19 y ancianos ingresados en estos centros puedan utilizar las tablets para comunicarse con sus familias. Esto son actuaciones reales, por aquello del refrán “obras son amores y no buenas razones”.

El sector de las Telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información, “va bien y hace el bien”, en palabras del presidente y CEO de Alphabet-Google, Sundar Pichai, que secundó Satya Nadella, primer espada de Microsoft. La frase me la dijeron ellos personalmente el 21 de enero en el Foro de Davos del World Economic Forum. Ellos hablaron de incluir la llamada #ESG (Enviromental, Social and Corporate Governance) en la gestión empresarial y un servidor habló de la Digitalización en el nuevo orden mundial. Me quedé con la frase de ambos, en referencia a Telcos y TI porque, en España, sin la labor de Telefónica al haber tendido la mayor red de fibra óptica de Europa, de la que se benefician otros operadores como Vodafone, Orange y Más Móvil, la vida de los españoles en el período del confinamiento sería mucho más dura: siendo la penetración de Internet en los hogares españoles de las más altas de Europa: según la Comisión Europea, el 84% (Índice DESI, de ONTSI, marzo 2019) de los españoles usa habitualmente Internet (ordenador, tableta, teléfono móvil y otros dispositivos) y solo el 13% de la población general española no usa habitualmente Internet o no lo utiliza nunca. Anécdota: el 65% de las mujeres españolas (y el 54% de los hombres) utilizaron Internet a diario en marzo para consultar información sanitaria. Ya sabemos que los dispositivos nos los proporcionan Apple, HP, Lenovo, Samsung, Dell, Xiaomi, Acer, LG, Nokia, Sony Ericsson, etc. Pero el cable lo hace llegar al hogar Telefónica. Como en Estados Unidos hacen ATT, Sprint / T-Systems y Verizon.

Pero, sin Infraestructuras para “telefonía, datos y radiodifusión”, los operadores de telecomunicaciones no pueden prestar sus servicios. EEUU tiene un campeón nacional, American Towers y Europa un campeón multinacional, Cellnex Telecom, que presta servicio a 200 millones de personas, incluidos británicos (que también son personas); leí una tribuna de su CEO, Tobías Martínez: “Ante la crisis sin precedentes ocasionada por el coronavirus (COVID-19), Cellnex Telecom como operador de infraestructuras de telecomunicaciones para radio y TV (TDT), voz y datos, y de redes de comunicaciones para cuerpos de seguridad (policía y bomberos) y emergencias (médicas y salvamento marítimo), ha desplegado desde el primer momento sus planes de contingencia y continuidad de negocio en los ocho países europeos en los que opera. Nuestro objetivo es el de preservar la seguridad y disponibilidad de los servicios que prestamos 24×7 (24 horas al día, 7 días a la semana)”. Amén.

Entre los gestores de infraestructuras de telecomunicaciones y las empresas de TI que proveen los servicios digitales, nuestra vida es un tanto mejor que cuando se produjo la pandemia que arrasó el 2% de la población mundial entre 1918 y 1920 (“Spanish Flu”). Entre medias aparece otro sector empresarial al que le va muy bien: las plataformas de televisión en streaming: Amazon Prime Video, Disney Plus, Apple+, Netflix, HBO, Movistar+, entre otras. Ahora que no podemos ir a las salas de cine y, apenas se venden DVD, Blue-ray, etc, vienen bien.

El entretenimiento no nos hace olvidar lo esencial, al menos en lo humano. Hablábamos de la Alimentación. Sin Distribución Alimentaria y su cadena de suministro, viviríamos un escenario muchísimo peor que el actual. Aumentan las ventas alimentarias en El Corte Inglés (e Hipercor y Supercor), Mercadona, Eroski, Día, Lidl, Ahorramas, Carrefour, Alcampo y miles de “tiendas de proximidad”, que decimos en el panel de gran consumo de Advice Strategic Consultants Adicionalmente, El Corte Inglés ha reconvertido su taller de costura de Madrid para confeccionar mascarillas de protección y, además de la fabricación de estas mascarillas de 5 capas, El Corte Inglés ha donado a las AAPP material prioritario para la Sanidad, sus profesionales y enfermos de coronavirus. El Corte Inglés ha donado 500.000 mascarillas al Ministerio de Sanidad para el personal sanitario y 150.000 mascarillas a la Generalitat de Cataluña, estas últimas, procedentes de donaciones de proveedores. También, el líder ibérico de Distribución (El Corte Inglés), en colaboración con Cáritas, Cruz Roja, la Federación Española de Bancos de Alimentos, Fundación ONCE y UNICEF España, ha puesto en marcha la campaña solidaria “Unidos Ayudamos Más”, para contribuir a mitigar los efectos de la pandemia.

Por último, la entidad más asociada por los españoles desde la Segunda República a la Responsabilidad Social Empresarial: La Fundación ”la Caixa”, que está reforzando sus líneas estratégicas centradas en los colectivos más vulnerables frente a la crisis del coronavirus, destinando 3 millones de euros en ayudas a las familias más vulnerables afectadas por la crisis a través de su programa Caixaproinfancia; impulsando con una aportación inicial de 100.000 euros la campaña solidaria #NingúnHogarSinAlimentos, dirigida a recoger donativos electrónicos en favor de los Bancos de Alimentos; poniendo en marcha un servicio telefónico de atención psicológica dirigido a paliar las situaciones de tensión emocional del personal sanitario que se encuentra en primera línea de atención de los afectados por la COVID-19. Coronavirus Community Lab es la primera iniciativa participativa que invita a la población a presentar proyectos de ciencia ciudadana, en el marco de EduCaixa. Y, en el ámbito de la investigación médica y tecnológica contra coronavirus, La Fundación colabora con centros de investigación de referencia internacional como ISGlobal, el Centro de Super Computación de Barcelona e IrsiCaixa para encontrar una vacuna contra coronavirus.

Contando esas iniciativas -y otras muchas como despliegan estas y otras empresas, por no hablar de Cáritas o las ordenes religiosas de la Iglesia Católica que atienden enfermos de coronavirus- no pretendemos edulcorar la cruda realidad que, en la primera mitad de esta tribuna, hemos incoado. Las cifras de fallecidos e infectados son abrumadoras. Dramas familiares cada uno de ellos. Las consecuencias económicas negativas ya las hemos explicado. Pero pensamos que, como hizo el Papa Francisco en la Vigilia de Resurrección y el Domingo de Resurrección, “nos hemos ganado el derecho irrenunciable a la Esperanza”, dijo el Papa. Si todo es negro, no hay nada blanco. Si todo es túnel no hay luz al final. Si no destacamos cosas positivas, ¿de dónde vamos a sacar la Esperanza?

Jorge Díaz Cardiel, Socio Director de Advice Strategic Consultants

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