Opinión

Previsiones económicas para España en 2020

El dinero comienza a entrar en España.
photo_camera El dinero comienza a entrar en España.

En enero de 2020, la economía española se encuentra en una encrucijada sobre su futura evolución. Lo que todos llaman las perspectivas económicas. Digo encrucijada, porque los signos son mixtos: positivos y menos positivos, lo que arroja falta de claridad que deriva en incertidumbre. No cabe hablar de recesión, en absoluto. La palabra de moda es “leve desaceleración” o menor crecimiento. Pero tampoco puede hablarse de alegría para el cuerpo: al menos, en 2014, el Producto Interior Bruto español se disparó hasta casi el 4% de crecimiento. En la segunda mitad de 2013 creció el +0,1% y en los cinco años previos, los españoles sufrieron una tremenda recesión que elevó la tasa de paro a su máximo histórico (+26,67% de desempleo, 2,5% más que el paro experimentado en Estados Unidos durante la Gran Depresión de 1929-1944). Solo Grecia superó a España en tasa de paro, al sobrepasar el 27%.

2020 comienza con una tasa de paro del 13,9%. Cuatro veces más que la norteamericana y el doble que la media de la Unión Europea. Es cierto que entre 2014 y 2019 se han creado casi tres millones de empleos. Y la productividad ha aumentado a un ritmo medio del 3,5% anual. Sin embargo, la mayor competitividad empresarial se ha conseguido a costa del salario de los trabajadores, que no se han incrementado conforme al crecimiento económico (los salarios). Por contraste, en Estados Unidos, donde tras once años seguidos se sigue creando empleo todos los meses y los salarios aumentan, la productividad empresarial ha aumentado gracias al uso intensivo de las tecnologías de la información, la transformación digital, la digitalización y el despliegue de 5G, Cloud Computing, Big Data, Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas, Ciberseguridad, Robótica y automatización de procesos, etc. El 30% de la economía americana está digitalizada según the US Bureau of Statistics (ente similar al INE español o Eurostat en Europa). Además, la transformación digital ha llegado, en EEUU, a todos los ámbitos: sector público, grandes empresas, pymes, microempresas, autónomos y hogares.

En España aun no se ha producido esa transformación digital, aunque las empresas TIC y digitales quieren hacerlo. Los gobiernos, a pesar de la existencia de “Agendas Digitales”, han avanzado poco en este campo. El empleo se creó, en España, en los últimos cinco años, esencialmente en el Sector Servicios y, dentro de éste, en Turismo y Comercio. La manufactura apenas ha crecido sino de manera marginal, es decir, poco. Y la agricultura, menos. El peso económico en el PIB de cada sector refleja cómo es la economía española: el Turismo ya es un 13% del PIB. El Comercio un sorprendente 24% (distribución, retail, comercio electrónico y cualquiera otra forma de vender productos y servicios). La industria se queda lejos del objetivo previsto del 20% y se estanca en el 12%, al tiempo que Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur, China y Estados Unidos, entre otros países apuestan fuertemente por las fábricas. Desgraciadamente, la mala evolución del sector del automóvil en España, con decrecimiento en ventas del 9,4% en 2019 no alumbra buenas expectativas. El sector tecnológico y digital aporta a la economía 7,3% (46.900 millones de euros), que se traduce en un 3,2% de contribución al PIB.

Simplificando, aunque los españoles tengan más líneas móviles que número de habitantes, la realidad es que el modelo productivo español ha cambiado poco en los años de bonanza. Lo cual tampoco es novedad en España: tras los períodos de bonanza, en España, desde 1978, los gobiernos proceden a “políticas de redistribución de la riqueza”, en vez de seguir creándola, por lo que, al final de la parte mala del ciclo económico, España tiene siempre que volver a empezar donde lo dejó antes de la bonanza.

2020 arranca con un dato significativo, simbólico: según el Banco de España (los datos anteriores proceden del INE), los españoles han aumentado su ahorro en un 19,4%. Es una cifra elevada e insólita. Escenario extremo: ¿qué sucedería si los españoles solo ahorrasen en 2020 y 2021 en vez de gastar? La compraventa de viviendas ha descendido el 5,4%, y esa es la compra más importante que hace una familia en su vida: la casa. Luego está el coche, que ya hemos visto, también se vende menos. El resto de gastos es conocidos por todos: muebles, tecnologías de la información, ocio, entretenimiento, educación, alimentación (¡3% del PIB!) etc.

En consumo hay dos tendencias in crescendo hace diez años: primero el low cost. Mercadona vende barato. Lidl vende bastante barato. Ahorramás vende muy barato. Y, segundo, la venta online, que creció en España un 30% en el tercer trimestre del año pasado, lo que repercute negativamente en grandes superficies, comercios locales, etc.

Estas tendencias seguirán creciendo en 2020. Especialmente, en un contexto en que el salario medio español es de 21.000 euros/año y, “el salario más extendido” es de 17.000 euros/año (datos INE, 2019). Los españoles tienen poco poder adquisitivo y en 2020 la creación de empleo se ralentizará, pasando del +2% al 1%, por lo que, en vez de crearse 500.000 nuevos empleos en 2020, se generarán 350.000, con contención salarial. Es verdad que el número de cotizantes a finales de 2019 (EPA-2019) alcanzó casi un máximo histórico, con 19,9 millones ocupados. Hace 20 años, según la OCDE y la OIT, con 20 millones de asalariados, las pensiones hubieran sido sostenibles. Pero, la muy baja natalidad -ni siquiera tenemos tasa de reposición, porque mueren muchos y nacen pocos-, solo compensada con la inmigración (+7 millones y 100.000 personas en 20 años), que, desgraciadamente, suele trabajar en oficios poco remunerados. Otra cosa es que el erario público asuma todo.

Se dice que la política económica en los próximos años será social y de redistribución para cerrar las desigualdades sociales generadas por la crisis. No hay intención manifiesta ni manifestada de impulsar políticas activas de empleo o el emprendimiento. Sino de aumentar impuestos para sostener un elevado gasto social traducido en esa redistribución de riqueza antes mencionada. La idea es simple: aumentar impuestos a los que ganan algo para repartir dinero entre los que ganan menos. Así, con subidas de impuestos, se conseguirá cuadrar el déficit público y cumplir con el Plan de Estabilidad que evitará incumplir los objetivos de déficit público.

2019 cerrará el PIB cerca del 2%. Los 20 servicios de estudios económicos más importantes de España (Banco de España, La Caixa - CaixaBank, BBVA, Bankinter, Telefónica, Funcas, CEPREDE, etc) prevén un crecimiento económico que oscila entre el 1,6% y el 1,7%, para 2020.

La inercia de años pasados hará que, en 2020, el principal componente aportador al crecimiento del PIB sea la demanda interna (consumo de familias e inversión empresarial). Las exportaciones perderán peso y la tasa de paro acabará en el 13%.

2020 es año de cautela, de prudencia…, posiblemente, un año de…, transición.

Jorge Díaz Cardiel. Socio Director de Advice Strategic Consultants

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