Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:45h

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La voz del lector

Acoso y derribo

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Años ya de este episodio, y aún me quema mi silencio. Necesito, aunque a destiempo, alejar de mí la llama que corroe mi pensamiento. Yo oía de niño, en mi Chiclana natal, allí en el Sur, “no se pué tené mah poca vergüenza”, sin entender en profundidad lo que aquello significaba. El paso del tiempo, hace que aprendas muchas cosas que, en no pocas ocasiones, te ayudan a comprender el alcance real de las palabras, de las frases y su intencionalidad.

Mis padres eran artistas artesanos y crearon un artículo turístico en forma de muñeca que llevaron por medio mundo, que ellas recorrieron solas después, que se llamaron MUÑECAS MARÍN. Desde 1928 recorrieron un ilusionado camino creativo, jalonados de esfuerzos y riesgos empresariales, que por fortuna devinieron en una Empresa reconocida mundialmente, como la creadora de unas muñecas, proclamadas como las mejores del mundo en el Concurso Internacional de Muñequería celebrado en Cracovia en 1974. En la sala de visitas de la fábrica colgaban Premios y Distinciones, reconocimientos de la Junta de Andalucía y la concesión del Gobierno de la Medalla al Mérito en el Trabajo.

No solo se hicieron muñecas flamencas, que representaban para el turismo, lo que se conocía como lo genuinamente español, como el cante y baile flamenco, o los trajes de faralaes, o la guitarra, o los toros, sino que fabricaron muñecas con todos los trajes regionales de España, y posteriormente con los trajes típicos de muchas partes del mundo, como fueron los que se usaban cuando se fundara la ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos, los de Época Medieval o los típicos de Rusia o de Grecia, o la creación del traje típico de Chiclana o el típico de Gibraltar, o las muñecas mini Tropicanas, que se vendían como souvernirs en la sala de fiestas de igual nombre, en la Habana.

También crearon la muñeca que representaba a la Pubilla Catalana, con su traje regional de gran influencia aragonesa, de cuya presentación dió cumplida cuenta la prensa nacional y muy especialmente la catalana. Hasta ahí todo bien. Pero la política, trae como consecuencia, que algunos políticos catalanes, para rentabilizar sus ideas y conseguir votos, de los que les quieren oír, montan la estrategia de tirar por tierra todo lo que signifique español y como es evidente, todo aquello que lleva el sello de lo andaluz, que es por otra parte, lo que identifica fuera de nuestras fronteras, a España.

La riqueza que tenemos los andaluces, provoca no pocas envidias en la mediocridad de algunos, a los que no sería desproporcionado realizarles una autopsia psicológica, para descubrir sus entresijos. El traje de flamenca, el cante flamenco, la guitarra, la peineta, la música, y otras muchas cosas genuinamente andaluzas, son por ende españolas. La cultura andaluza se esparce por todo el mundo, sin impedir, digo bien, sin impedir, que otras identidades la acompañen en tal conquista, que se produce por convicción y nunca por imposición. Que a los japoneses, por ejemplo, les guste más el traje o la música flamenca que el de otra región es una evidencia. Ni la mejor campaña de la mejor agencia de publicidad, hubiese podido, jamás, conseguir tal decantación personal.

Y comienza una labor de acoso y derribo, en Cataluña, prohibiendo con coacciones y multas, a los comercios del gremio, que exhiban y vendan muñecas andaluzas, por no ser un producto catalán, cosa que se aprecia a leguas, y por tanto español. Y se extiende esa prohibición a los toros, las banderillas, los delantales con motivos flamencos, abanicos de igual corte, etc etc. hasta conseguir que el mercado de los fabricantes de esos productos, se reduzca a mínimos provocando o acelerando en algunos casos, como en el de nuestra Empresa, el cierre de sus instalaciones. Perdimos la batalla, pero no la ganaron los políticos catalanes y otros lacerantes silencios.

En el fondo subyace un complejo cutre, imberbe e inseguro que hace que cuando el árbol de otro da sombra, en vez de regar y abonar el suyo para que en noble competencia lo supere, se tala el árbol frondoso y así no se aprecia la diferencia existente. Inquisidores cobardes de la realidad, que no la laceran, sino mostrando con su sistema coactivo su falta de seguridad y mimbres para conseguir lo que otros conseguimos. Pero llega un momento en el que el político catalán de turno, regado con el 3%, se hace andaluz-español. Sí, sí, lee bien, andaluz y español, para su vergüenza, por aquello de la pela es la pela, aunque sea bajuna. El turismo es la gran Empresa del país y lógicamente de Cataluña y echan en falta aquellos artículos que el turismo demanda , y “mirustepordonde”, aparecen en el mercado catalán, muñecas andaluzas, abanicos con motivos andaluces, toros, banderillas etc. etc,.

Que sí, que sí, que es eso lo que aparece, y la puritana Cataluña da el visto bueno para que en todo el territorio español, pueden venderse. Ya no hay problemas de identidad, pero ojo, eso sí, todo ello disfrazado con la marca Güell, de Gaudí. Todo aparece impregnado del mosaico de identifica al parque de tal nombre. Para tapar sus vergüenzas, se inventan un disfraz. Roban la identidad de otros, intentando hacerla suya, dejando al descubierto sus carencias. Levantan la mano para explicar un baile y les sale un caganet. Esa es la molt honorable evidencia.

Los pobres dictadores pueblerinos, sabedores de que no tienen ese fondo cultural universal, no solo no han sabido ofrecer una alternativa, sino que han emponzoñado lo andaluz-español con una pátina que lo desvirtúa. Han cometido el error propio de la ignorancia. Son yermos de sensibilidad, hombría de bien, señorío competitivo, respeto, y una larga lista de adjetivos que quien lea esto puede añadir a su antojo, porque a mí me va a faltar tiempo. Lo dejo en sus manos. Y el silencio alrededor. ¿Dónde estarían las Casa Regionales andaluzas, que se ubican en Cataluña, y su voz? Nos pisotearon y disfrazamos la agresión con un cobarde: ponomadolío” Lo que oí de niño, “no se pué tené mah poca vergüenza”.

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