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Carta a los Reyes Magos: quiero un presidente del Gobierno

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Queridos Reyes Magos,

cuando lleguéis este año por España seguro que notáis cierto jaleo por ver quién manda los próximos cuatro años. Fijaos que han colocado las elecciones ¡a cuatro días de Nochebuena y a dos de la Lotería! Lo nunca visto. Alguno se comerá las uvas negociando un gobierno.

No sabría deciros cómo acabará la cosa. Seguramente, pese a todo, saldrá elegido un señor de un estilo parecido al de Melchor y Gaspar. No lo digo por la corona, sino por la barba.

Las posibilidades son algo limitadas y ya sabemos más o menos las opciones que hay de inquilinos del Palacio de la Moncloa. De todas formas, no me resigno y este año quería pediros un presidente del Gobierno. Sé que ya no da tiempo a que me lo traigais este año, pero espero que en próximas elecciones #SíSePueda.

Me gustaría que me regalarais -bueno, nos regalarais a los españoles- un presidente del Gobierno que hable inglés. Por favor, ya vale de “it’s very difficult todo esto” y de ganadores del Balón de Oro al ridículo en las cumbres europeas y mundiales. Tampoco me vale un presidente que se quede sentadico en su sitio con cara de “¿a qué hora empieza el fútbol?” o que ponga cara de póker al hablar con el Tony Blair de turno mientras en su cabeza piensa “sí, ajá, claro...” sin entender ni papa.

No hace falta que tenga acento de Cambridge, pero necesitamos un presidente que pueda hablar de algo más que del tiempo y sin intérprete con cualquier otro mandatario. Y ya si puede soltar discursos medianamente curiosos como el del príncipe Felipe en Buenos Aires por la candidatura olímpica de Madrid, sería un detallazo por vuestra parte.

Ya que os poneis, voy a aprovecharme: por pedir que no quede, y vosotros ya juzgaréis cómo nos hemos portado aquí en España. Sé que los estudios y la inteligencia innata no son garantía de que alguien se convierta en un buen líder, y en este caso en un buen presidente del Gobierno. Pero si pudiera elegir, me gustaría que tuviera varias carreras.

Menos Calvo-Sotelo, que era ingeniero ( y políglota... pero duró año y medio), todos nuestros presidentes en democracia han sido hasta ahora licenciados en Derecho. Deben seguir siéndolo, porque es útil que conocan cómo se elaboran las leyes, qué es la justicia y cómo funciona el Estado.

Pero no es suficiente. Por favor, si pudierais traernos un presidente que haya estudiado Economía, seguramente tendríamos menos cosas que lamentar durante su mandato. No me bastan dos tardes de “aprende a gastar dinero público con Jordi Sevilla”: es necesario que entienda que los billetes no crecen en los árboles y que, como dijo José Mota, las gallinas que entran por las que salen.

Ah, e Historia. ¿Historia?, seguro que se pregunta Baltasar. Pues sí, Historia. Ojalá tengamos un presidente que sepa qué es España y de dónde viene. Que conozca los errores que se cometieron en el pasado y las consecuencias que tuvieron. Que no se crea que con cada idea rompedora que se le ocurra estará inventando la bombilla, porque seguramente ya se le ocurrió a alguien en “Estepaís”.

Os dije antes que quería que el presidente supiera de Economía. Pero anda, no sólo la teoría sino también la práctica. A ver si conseguís que el huesped de Moncloa llegue allí sabiendo lo que es pagar una nómina. Que haya experimentado lo que cuesta crear una empresa, que se le hayan hundido varias y que haya salvado del cierre otras. Que haya pasadao noches sin dormir por miedo a la quiebra y a tener que echar a los empleados a la calle. Que haya ido apagando luces por la oficina para ahorrar. Se me ocurre que así sabrá gestionar mejor esa empresa mastodóntica llamada Estado, sabrá no despilfarrar y ahorrar todo lo posible el dinero público, que como todo el mundo sabe no es de nadie (Maleni dixit).

Ya acabo, eh. Además de todo lo anterior, me gustaría que antes de ganar las elecciones, este presidente cinco estrellas conociera a fondo España. Que, nazca donde nazca, haya vivido en distintos lugares de este país tan grande y complejo. Que tenga amigos en todas partes, que haya visitado una a una las 17 regiones y las dos ciudades autónomas. Que, si no es bilingüe, que al menos entienda algo de las otras lenguas españolas además del castellano (¡por favor, que este lo hable bien y no acuchille al diccionario!). Nos haríais un gran favor si el presidente que nos regaléis no es un paleto madrileño (o barcelonés, o sevillano o pamplonés) con la boina mental atornillada a la cabeza. Que se haya empapado de la riqueza de todas las tierras de España.

Ya sé que es mucho pedir, majestades. Pero lo necesitamos, y cuanto antes. Además, para eso son ustedes magos.


Gracias por todo. Intentaremos ganarnos este regalo. Feliz Navidad.

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