Lunes 18/12/2017. Actualizado 11:26h

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Cooficialidad fallida

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La sociedad española ha fallado, claramente, en la gestión y de la aprobación del Estado autonómico. Pero aún de una forma más acusada y clara en lo que vendrían a ser las competencias estatales, autonómicas o compartidas.

Clara está mi posición de castellanohablante que al tratarse de Cataluña adquiere un matiz especial, debido a que aquí el castellano no es la única lengua absoluta e indiscutible en el ámbito familiar, formal e institucional, sino que en Cataluña el catalán adquiere una posición de privilegio respecto a mi lengua materna que, muchas veces, acaba siendo vista como una lengua de segunda.

Cuando uno es un niño pequeño y debe hablar en catalán en la escuela, hablando Castellano en su casa, no le resulta un problema, ya que se acostumbra fácilmente, pero conforme pasan los años sobre uno, se empiezan a evidenciar los principales problemas como la carencia de cobertura necesaria para la lengua castellana que, queda muchas veces descuidada y relegada a unas 2 horas semanales.

En mi caso, no fue hasta los 8 años que no fui capaz de decir “lunes” en vez de “dilluns” y muchísimas faltas de ortografía (en su mayoría acentos e íes: griega y latina) poblaban mis escritos.

Por suerte, al ser mi lengua habitual no tuve problemas pasados unos años, pero sí que se evidenciaron y se siguen evidenciando en aquellos núcleos poblados donde la lengua catalana es la que se habla en el ámbito privado y oficial, por lo que muchas de estas personas, pese a ser ya mayores, tienen problemas de expresión en castellano.

Gracias a Dios esto prácticamente no ocurre y todavía no he visto un caso en el que no fuera posible el entendimiento del castellano, pero sí que es cierto que los castellanohablantes debemos reconocer los anhelos de preservación y defensa del catalán, debido a que está en su derecho de existir y tiene que gozar de cierta protección para hacer que no se acabe diluyendo en el oasis castellanohablante.

Ahora bien, si bien es cierto que, según la Constitución y el Estatut: Todas las personas tienen derecho a utilizar las dos lenguas oficiales y los ciudadanos de Cataluña el derecho y el deber de conocerlas. Cabe añadir el matiz citado en dicho Estatut que muchas veces se olvida: De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 32, no puede haber discriminación por el uso de una u otra lengua. Pero es de todos conocido que aquí las instituciones tratan sólo en Catalán y le dan un uso mucho más preferencial.

¡Ésto! ¡Ésto ocurre a diario en muchos ámbitos oficiales! Hay ocasiones en las que nos es imposible el rellenar la documentación en Castellano, o bien los comunicados o peticiones que recibimos se encuentran sólo en Catalán o, llegando ya al caso que, lamentablemente empieza a abundar, en que se indican las cosas en catalán e inglés. ¡Simplemente sin comentarios!

El recibir un comunicado de la Generalitat en catalán, aranés, castellano e inglés. Donde el orden parece que no importa pero que evidencia el malestar. Por eso siempre que se intenta pedir que se aumenten las horas de temario impartido en castellano (un 10% en el mejor de los casos) se tilda de opresor y se critica de cualquier manera, recordando que el Inglés también tiene las mismas horas curriculares que el castellano.

¿Pero no estamos en Catalunya? Esta es la pregunta que siempre se nos hace a los críticos con el sistema y la respuesta no suele gustar, ya que: ¡SÍ! Pero también es España y aquí se habla también castellano.

No creo que haya que victimizar a una postura ni a la otra. Simplemente creo que la cooficialidad de las lenguas en Cataluña (al igual que muchas otras cosas) ha fallado. Ya que hay una preferencia clara del catalán sobre el castellano. Aunque sea el castellano la lengua materna del 58% de la población catalana, mientras que el catalán solo lo es de un 33%.

En definitiva, sólo pido un trato justo hacia mi lengua materna que, pese a tener muchos hablantes no pretende otra cosa que el poder convivir en paz y que haya un entendimiento posible, que por suerte lo hay, pero que el castellano tenga el estatus que se merece.

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