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Democracia después del PNV

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Asegura Ibarreche que existe una alianza para quitarle de en medio. Es verdad. Una alianza entre PSOE y PP. Una alianza civilizada, democrática y digna. Una estrategia transparente y necesaria para esa parte de España que, durante muchos años ha vivido bajo el yugo del nacionalismo más atroz y anacrónico.

El PNV no acepta su paso a la oposición. Piensa, desde el error nauseabundo de una percepción maléfica de la realidad, que esa tierra y sus gentes pertenecen al legado de Sabino Arana. Son así de demócratas.

Cuando el PNV abandone el poder, la democracia, por fin, se habrá instalado de manera definitiva en las provincias vascongadas.

No se erradicará el odio, la muerte, la acechanza y el atropello; sin embargo, aunque el terrorismo mantenga en su punto de mira a las mismas personas, la sociedad sí podrá observar cómo hay vida después de la retirada del PNV. Después de su derrota.

Sorprende que las palabras de Ibarreche lleguen a la opinión pública después del último comunicado de ETA. Nos hemos enterado que el futuro lendakari ya está en el objetivo de esos soldaditos de la jodida y ficticia patria vasca. De unos pocos vascos que han querido y todavía quieren imponen su modo de pensar y su manera de vivir.

Populares y socialistas son conscientes de que la violencia extremista no cesará. Pistolas y palabras seguirán haciendo el trabajo sucio. Innumerables obstáculos se pondrán en el camino para que el nuevo gobierno se encuentre con las manos atadas.

Echar a un lado a Ibarreche es un bien para la democracia. Es abrir las ventanas de la casa vasca. Destronar al PNV es descubrir que alrededor de ese partido no gira la vida, el futuro, la decencia política.

Churchill prometió sangre, sudor y lágrimas a los británicos. El primer telescopio, convertido en realidad gracias a las manos de Galileo, sirvió para poner un leve resquicio de luz en el firmamento. Allá por 1609. Aquiles prefirió la gloria, la vida efímera. Sólo los cobardes prometen un camino de rosas; sólo los gusanos ansían el barro, y únicamente las bestias ignoran que se puede elegir.

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