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¿Hablamos de fútbol?

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Venga, vamos a levantar ampollas. A esto se juega en una división y dentro de la misma están los que ganan todo o aspiran a ganarlo, los que suman bastante aun sabiendo que nunca alcanzarán los niveles anteriores, los que más o menos se defienden lo justo como para mantenerse y los que suelen palmar hasta en los entrenamientos pero que, de vez en cuando, pegan un pelotazo que les proporciona algo de aire que respirar. Los primeros, salvo despiste mayúsculo, no fallan; muy mal tienen que hacer las cosas como para no estar arriba del todo, dominando la competición.

Y ni así salen derrotados ya que si añades que el resto de participantes dan el encuentro por perdido, andando se llevan el pastel para casa. En ocasiones, las menos, los segundos plantan cara y le mojan las barbas a los sempiternos triunfadores. Pero, lo dicho, no tienen nada que rascar, tal y como está montado el asunto. Se conforman con el postre y el café, que no es poco.

La tropa que viene detrás juega a otra cosa; empeñándose hasta las pestañas intentan ser competitivos entre sí, pelear con sufridores de la misma estirpe, ya que los de arriba están en otro planeta. Cierto es que dejándose el pellejo y tirando de arrestos consiguen sorprender a los privilegiados, pero son tan pocas las veces que sólo quedan para el recuerdo. Eso sí, se ceban con los últimos del grupo, aquéllos a los que únicamente les queda la lucha como recurso. Éstos sí que están condenados, limitando su labor a la épica y, por qué no, a recursos fuera de la legalidad como argumentos para sobrevivir.

Al final siempre, indefectiblemente, triunfan los mismos y con mucha diferencia. Los que se arriman lo suficiente trincan cacho en el reparto y los siguientes bastante tienen con tirar del carro. Y, claro, donde hay vencedores también existen los parias, invitados que hacen bulto, molestan y poco o nada mojan.

Ahora es cuando yo ya me he perdido, porque no sé de qué estoy hablando. Juro que al principio mi idea era tratar sobre fútbol. Pero resulta que este rollo también se puede aplicar a la política, a los sindicatos a la situación económica, a la estratificación social, a las comunidades autónomas, a las provincias, a los ayuntamientos, al cine español, a las compañías de teatro, a las asociaciones culturales, a los comerciantes y sus comercios, a los agricultores, a los empresarios textiles, a las comunidades de vecinos, a los estudiantes de primaria, a los de secundaria, a los universitarios, a los jubilados, a los amigos, a las amigas de los amigos, a los compañeros de trabajo, a la familia, y a quienes buenamente apetezca.

Lo dicho, me he hecho un lío. ¿O no?

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