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La Manzana Podrida (II)

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Hablaba en mi anterior escrito, del origen de varios de los muchos males que afectan a la política y a los políticos en España;  y como consecuencia a los ciudadanos que por ellos somos gobernados.

El siguiente punto que quiero comentar es la falta de colaboración, sobre todo en momentos críticos para nuestra nación, y ese utilizar todo y a veces sin causa justificada, como arma política; teniendo como resultado lo que se acaba denominando como una “guerra de todos contra todos”.

Personalmente la definiría como: “una guerra de todos contra uno y uno contra todos”; parece el eslogan de los tres mosqueteros, pero en vez de ser sinónimo de unidad, es sinónimo de desunión. Si nos fijamos esto ocurre de una forma feroz y significativa, desde aquel nefasto día para nuestra España, cuando sufrimos el mayor atentado terrorista de nuestra historia, el ya tristemente famoso 11M.

Esta herida está y seguirá estando abierta durante mucho tiempo, y no sólo por el atentado en sí, ya suficientemente doloroso, sino por sus consecuencias en la Gobernación de España. “La Manzana Podrida”, no se puso al lado del Gobierno arrimando el hombro para sostener el dolor de toda una Nación, se valió de ese dolor para acusar al Gobierno del atentado, y utilizarlo como arma política, e indisponer a los ciudadanos contra el partido que detentaba el Gobierno. Todo ello a tres días de unas elecciones legislativas Generales, donde todas las encuestas daban al entonces PSOE, como perdedor.

Siempre me he hecho varias preguntas: ¿Por qué ese comportamiento?, ¿Por qué no se aplazaron las elecciones?, ¿Fue solo por aprovechar el momento, y así ganarlas, como sucedió, o había algo más?

La última pregunta me surge al comprobar el comportamiento de todos los partidos políticos, que de una forma descarada han practicado el “todos contra uno y el uno contra todos”, en los últimos diez años. Desde entonces, sea en el Gobierno - época de D. Jose Luis Rodríguez Zapatero-, sea en la oposición – momento actual-; todos los partidos están en contra del PP, y el PP contra todos. Por lo menos de una manera desapasionada, es lo que personalmente he observado y observo.

No hay forma de que ni siquiera en la ruina, se produjera el colaborar juntos independientemente del partidismo.

Más esto no viene de ahora, esto se gestó desde el primer momento, incluso antes de que el PSOE alcanzara el poder en Octubre de 1982, cuando Gobernaba UCD. ¿Hemos de recordar lo de “Tahúr del Misisipi”, como denominó D. Alfonso Guerra a D. Adolfo Suarez, el muñidor y artífice de la Transición a la Democracia? Digamos que en el 11 M hizo eclosión.

La deslealtad de la Izquierda ha sido manifiesta en todos estos años de democracia. En la Transición se prestó a ella porque no tenía la fuerza suficiente para imponer otra cosa, y porque hubiera provocado una reacción, que la hubiera desterrado de la Política de España durante otros cuarenta años. Y fue un acto de generosidad de la “despreciable derecha”. Siempre he pensado que esta generosidad, como otras, son las que no han podido ni asimilar ni soportar.

La prepotencia demostrada en esos años, cuando el Ministro de Economía y Hacienda, D. Carlos Solchaga, y algún que otro prócer socialista, decían que no admitirían ninguna enmienda en ninguna de las leyes que ellos promovieran que procediera de Alianza Popular; que tenía los mismos o parecidos diputados que ahora tiene el PSOE en el Parlamento. Por cierto creo recordar que el Ministro invertía en la Bolsa.

Que distinto hubiera sido, si al perder el PSOE la mayoría absoluta, en posteriores legislaturas, se hubiera apoyado en esa derecha y no aceptar el chantaje de los nacionalistas. Habríamos emprendido un camino muy distinto: Se habría reformado la ley Electoral, se habrían limitado los mandatos, no se habrían realizado transferencias a las comunidades autónomas inadecuadas, el Senado sería la Cámara Territorial donde tuvieran representación las Autonomías, la Cámara de Diputados sólo estaría compuesta por partidos de nivel Nacional…

Todavía estamos a tiempo. Lo que tenemos que tener claro es que con ésta Izquierda, y con los Nacionalismos radicalizados, más la falta de fortaleza en el Gobierno, vamos hacia un precipicio, que nos hará desaparecer como Nación. ¿Cuál será entonces nuestra Covadonga?

J. R. Pablos

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