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Panorama electoral vasco a uno de marzo

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Todavía es uno de marzo y los resultados son casi definitivos, aunque es previsible que el parlamentario en juego cambie levemente (pero sustancialmente) las sumas. Para sintetizar y destacar la perspectiva políRica de lo que sería aconsejable en las inmediatas conversaciones entre las siete formaciones políticas, utilizaremos diez apartados con las CUALIDADES de una óptima negociación:

1. ATENCIÓN. El electorado nunca se equivoca, y cuando habla hay que escucharle atentamente. Y esto reza para toda la ciudadanía, votante o no, pero sobre todo para los responsables políticos que deben entender lo que las urnas proclaman.

2. NORMALIZACIÓN. Se descubren, cada vez más con más nitidez, cuatro grandes opciones en dos parejas: PNV y PSE son los grandes y crecidos partidos, junto a PP y Aralar (que apunta a representar a la izquierda nacionalista vasca). La complejidad de la transición camina hacia una clarificación en sintonía con otras sociedades.

3. CONCENTRACIÓN. Los partidos simbólicos, en trance de desaparecer (EA y EB) o de aparecer (UPD) son reminiscencias o anécdotas pasajeras. El electorado sin opción legal va encontrando referente (o un primer referente, Aralar), pero no figura en el reparto de esta totalidad (que por ello está distorsiona en alguna medida).

4. EVOLUCIÓN. Hay dos tentaciones claras y basadas en la historia reciente: Sumar formaciones para crear bloques antagónicos, nacionalistas vascos o constitucionalistas. Y estas sumas han cambiado en estas elecciones, por todo (tendencia, gobiernos tripartitos en minoría, ilegalización,...).

5. COHESIÓN. Esta forma de elegir Lehendakari o de gobernar perpetuaría el enfrentamiento de una leve mayoría sobre otra amplia minoría. Esta polépica de frentismos para la supremacía temporal y débil no construye país, elimina a los micropartidos y tensiona a la sociedad en medio de una grave crisis social y con el histórico problema irresoluto de la violencia.

6. APERTURA. Sería deseable que hubiese un ofrecimiento general, de los siete partidos representados, de buscar grandes alianzas para construir en conjunto. El partido más votado, con diferencia sustantiva, debiera liderar esta postura abierta y sumatoria; especialmente dirigida al segundo gran partido, que también aporta centralidad y capacidad de recibir apoyos.

7. INTEGRACIÓN. La política resultante, el reparto del poder en Gobierno y Parlamento, debiera respetar la voz de las urnas con políticas inclusivas de tan plurales sensibilidades como las que se asientan en nuestra sociedad.

8. FORTALEZA. Sólo un gran acuerdo de legislatura para un momento tan crítico, con dos grandes objetivos (paz y salida de la crisis), sería el acierto máximo. Y el grado de políRica se medirá por el apoyo en parlamentarios que reciba la investidura del Lehendakari. Mejor que 30 serían 38, y mejor 45, y mejor 50, y mejor 60,...

9. SINERGIA. De ahí nacería un Gobierno mixto pero único, con un Pacto de Legislatura, que construyese sobre todo lo común que tiene la política de este país, sin radicalismos ni exclusiones, sin apartar a nadie y buscando que quienes no han podido presentarse puedan hacerlo en condiciones de paz para todos.

10. CAMBIO. Ahora es el momento de movilizarse todas las personas que crean en la políRica, especialmente quienes militan o simpatizan en cualquiera de los partidos políticos, o en sus áreas de influencia. Necesitamos un futuro más despejado y trenzado, de sinergias y entendimientos. Y el mejor liderazgo será el del partido o el de la persona que más crea en esta visión políRica. Así lograríamos el verdadero cambio que necesita la política vasca.

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