Jueves 18/01/2018. Actualizado 01:00h

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La voz del lector

Pilar Cernuda

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Siempre que veo su nombre en cualquier artículo periodístico, lo devoro. Se ha ganado mi respeto, aunque discrepe con su posición en muchos casos.

Pero me parece el paradigma de lo que debe ser un PERIODISTA. Profesión que en los últimos años se ha degradado hasta límites nauseabundos.

Es inteligente, lista, sagaz, visionaria y lo que (para mí) es más importante…..independiente.

Sus reflexiones, su concatenación de palabras e ideas, no están marcadas por el sello del dinero ni por el servilismo al poder.

Cuando analiza cualquier asunto, lo hace desde la más estricta independencia, con seriedad, basándose en su experiencia y en un sexto sentido que sólo los periodistas con raza, poseen.

No le importa quién domine los medios, las líneas editoriales que camuflan alianzas financieras o los privilegios por doblegarse a unos políticos mediocres que no le llegan ni a la altura de los tobillos.

Ella, ELLA….analiza, denuncia, advierte, documenta y reflexiona, para que sus lectores (sus clientes), estén MEJOR informados y puedan opinar o decidir en función de una información veraz y no tergiversada.

Y eso, en una sociedad tan anestesiada cómo la nuestra. En una sociedad, tan dividida cómo la nuestra, en la que los intereses mediáticos (yo diría, económicos) sólo actúan por la audiencia o por la cuenta de resultados, es un oasis en la inmensidad del desierto intelectual.

Por eso, quiero rendirle homenaje. Por eso, quiero establecer una nítida línea entre lo que representa el periodismo comprometido y valiente y la pléyade de “seudo periodistas” y colaboradores que defienden a capa y espada (sin la más mínima reflexión) a los titiriteros que les manejan desde lo alto del guiñol.

No hace falta que dé ejemplos, a una y otra banda, de esos periodistas a sueldo que, cómo mercenarios “bien pagaos” llenan las tertulias de la televisión, opinan sin tener ni puta idea, sobre lo humano y lo divino, y colaboran con artículos semanales en los periódicos nacionales o nacionalistas, aceptando sin rechistar, el esparadrapo que han colocado en su boca a cambio de un mendrugo de pan.

Me niego al célebre axioma que dice que “detrás de un gran hombre, existe una mujer extraordinaria”. En este caso y en muchos más, detrás de una gran periodista, está una gran mujer. A la que – intuyo – le importa un colín, que se la denomine con la acepción neutra o con la terminación  -o / -a.

Pilar hace que aún, siga creyendo en esta profesión. En una profesión cuyo objetivo es decir la verdad, cuyo camino es mantener la independencia y cuya fuerza y prestigio, se basa en un código deontológico similar al de los médicos (curar el alma en lugar de sanar el cuerpo).

Por eso escribo estas líneas, porque la SEÑORA Pilar Cernuda, es un mirlo blanco entre una turba de buitres que rondan a un cadáver desde su pequeña “altura de miras” y lo único que consiguen cuándo levantamos la vista, es un “churretazo de mierda”.

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