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UGT pide el voto

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El sindicato UGT, siguiendo directrices políticas encaminadas a buscar el voto para el candidato socialista a la presidencia del Gobierno, ha iniciado una campaña a nivel nacional para que desde todos los Comités de Empresa y Juntas de Personal de España se emita un "Manifiesto en defensa de lo público" con el que hacerle el caldo gordo al PSOE. El momento y la oportunidad la pintan calva para devolver, tras años de connivencia con el gobierno socialista, parte de los favores recibidos desde el gobierno. Muchos son los euros que UGT y su socio CC OO han recibido a capazos en pago por su pasividad. Y, claro está, es de bien nacidos ser agradecidos, aunque ello suponga insistir en su traición y apoyar al que se ha dedicado a destruir el empleo, alcanzando para tal fin cotas inimaginables de necedad. Como muestra de este comportamiento “sindical”, un botón.

UGT y CC OO de la Diputación de Alicante, obedeciendo las órdenes de sus superiores, intentan utilizar a los órganos de representación de los trabajadores para, en la cima de lo inexplicable, hacerle la campaña a un candidato, Rubalcaba, que lleva en su programa electoral la supresión de las Instituciones Provinciales, eliminado así cientos de puestos de trabajos en la administración alicantina. Es de locos. Solicitan a la Junta de Personal y al Comité de Empresa de la Diputación que se adhiera a un comunicado enviado por la central del sindicato socialista que tiene como único objetivo recuperar algunos de los votos que el gobierno del PSOE ha escupido con su gestión. Lamentablemente, desde UGT vuelven a mezclar, por enésima vez, el pan con el tocino, y anteponen la política y lo personal al interés del trabajador de la Diputación, que tiene que tragarse sin posibilidad de reacción cómo un candidato exhibe en campaña como bálsamo milagroso contra la crisis destruir su puesto de trabajo.

No tiene sentido que UGT y CC OO de la Diputación de Alicante accedan a jugar a lo mismo que los que quieren arrebatar el pan a aquéllos a quienes en teoría representan. Pero, aún así, obedecen a su dueño y señor. Menos mal que el resto de los sindicatos con representación en los órganos unitarios no sólo no van a participar en la opereta, sino que, como en el caso del CSIF, van a enfrentarse a la iniciativa evitando por todos los medios que los “sindicatos amigos” perpetren una nueva felonía. Como este ejemplo, muchos. Pero, al margen de las  curiosas particularidades que presenta el manifiesto de la UGT, creo conveniente incidir en varios aspectos generales del mismo que definen lo que ha sido en los últimos años el modus vivendi y el modus operandi de los cómplices del desastre económico que asola España.

En primer lugar, su alineación política con el Gobierno socialista, la pasividad y la complacencia, a cambio del acomodo y las cuotas económicas y de poder, se refleja en el momento elegido por estos sindicatos indolentes para manifestar su rechazo a los recortes públicos. Estamos a menos de una semana del 20N y, ya que UGT no se atreve a solicitar públicamente el voto para el partido que ha arrasado con el estado de Bienestar, pretende que los órganos de representación de todos los trabajadores le hagan el trabajo, como si de marionetas se tratasen. La sociedad se enfrenta a malos sindicalistas que han olvidado qué y a quiénes representan y que lograrán su objetivo donde tengan mayoría para hacerlo. En los órganos de representación más plurales que escapan a su manipulación se van a tropezar con la repulsa clara y el rechazo manifiesto a su juego sucio.

Y, por otro lado, una reflexión más profunda. Partiendo de la base de que los sindicatos son necesarios, sino imprescindibles, es fácil plantearse la utilidad de los mismos, máxime cuando lo normal es encontrarse con que muchos de ellos están en manos de pseudo políticos que sólo buscan su beneficio personal, salvar su culo y el de los suyos, olvidando que su misión es proteger y defender a todos los trabajadores. Si el sistema acaba por culminar con la prostitución total de las organizaciones sindicales, nosotros, los trabajadores, el principal factor de producción, estamos condenados. Los mayoritarios UGT y, en menor medida, CC OO han fallado estrepitosamente.

Han terminado lamiendo la mano y cepillándole los zapatos del que se ha entretenido pisoteando derechos, a cambio de una suculenta financiación y un poderoso control económico y político. Han asesinado los principios que justificaban su existencia, arrastrando con su degradación a los trabajadores. Pero no todo está perdido. Al menos está el consuelo y con él la esperanza de que, al igual que ocurre en la Diputación de Alicante, todavía hay algunos sindicatos que no se han desviado de sus objetivos y que saben cuál es su trabajo. Sólo hay que saber elegir bien en quién confiar. No queda otra.

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