Miércoles 24/01/2018. Actualizado 01:00h

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Y dale con las diputaciones

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Dudo mucho que A. Pérez desconozca las funciones que realizan las diputaciones, sería muy peligroso. Y como creo que listo es un rato largo, su propuesta de eliminarlas se me antoja una maniobra populista de cara a cargarle el muerto a las instituciones provinciales, sólo eso. En una entrevista realizada en Valencia, el candidato socialista insiste erre que erre en la idea, basando sus argumentos en una supuesta duplicidad de funciones. No se sostiene el mensaje ni de casualidad, pero hay que reconocer que suena bien eso de suprimir una administración, sangre con la que calmar la sed de un pueblo harto de su casta política. ¿Y cuál mejor que las diputaciones?

Porque digo yo que cepillarse el Senado va a ser que no, que en algún sitio hay que descargar a los que empiezan a molestar dentro del partido. Y las CC AA mejor no mentarlas, que cualquiera se atreve a decir que es ahí por donde se escapa el dinero a borbotones. De fascista para arriba como las cuestiones. Así que a callar, autonomía a destajo, independencia si hace falta, que en España globalizamos a la inversa. Respecto del Parlamento Europeo, ese gran desconocido, mejor ocultarlo, que algún chollo hay que guardarse en la recámara. Y los ayuntamientos, pues ni tocarlos, aunque el alcalde y los concejales ganen más de lo que se recauda. ¿Qué queda entonces? Las primas tontas del pueblo, las diputaciones, organismos en los que, casualmente, los socialistas han perdido control y posición. A por ellas. Eso sí, mientras se desmantelan, por qué no aprovecharse de lo que aún se pueda sacar. En Alicante, por ejemplo, los diputados del PSPV cobran dedicación exclusiva, unos buenos euros para el bolsillo, que no hay que renunciar a exprimir la teta si ésta aún tiene leche. Coherencia ante todo.

Pero a lo que voy. Rubalcaba dice que las diputaciones hay que eliminarlas o convertirlas en aquello para lo que tienen utilidad, que es prestar servicios que los municipios no pueden hacer, y ,desplegando atrevimiento e ignorancia a quintales, manifiesta que en la práctica se dedican a competencias que hacen o podrían hacer otras administraciones, como las autonómicas. Sabia sugerencia esa de dar más faena a quienes no pueden sostener la propia. Ahora bien, estamos de acuerdo en que las diputaciones tienen utilidad, y mucha. En lo demás, pues a disentir, que para tragar tonterías no está uno.

Al grano. De lo que uno sabe, de la Diputación de Alicante. Competencias propias, sin duplicidad con ninguna otra administración, la mayoría, sino todas. Por decir algo, al que le apetezca que se acerque por el Hogar Provincial o por el Doctor Esquerdo, y que pregunte cuál es el trabajo que allí se desarrolla. Y en las pocas funciones que podrían tener algún parecido en otro lado, la comparación es odiosa. Por ejemplo, sólo hay que darse un paseo por cualquiera de las carreteras que mantiene la Diputación de Alicante, más de mil kilómetros en total, y circular después por las que son de titularidad autonómica. Es como pasar de Nueva York a Las Hurdes. Infraestructuras, asistencia social, niños, ancianos, enfermos, cultura y deportes, mujer y juventud, recursos hídricos, medio ambiente… Muchos son los asuntos en los que la Diputación de Alicante demuestra eficiencia y profesionalidad como para que venga ahora un maestro de la torpeza y ose arrojarla a los leones.

Lo más lamentable de esto es que los miembros del PSPV de Alicante aplauden la ocurrencia de su nuevo Mesías, no se atreven a defender algo tan importante para la provincia como la Diputación. Y eso que, fíjate tú qué tontería más gorda, muchos de ellos cobran, y muy bien, de las arcas de la institución. Son parásitos políticos que quieren matar el cuerpo que han invadido, sabiendo que después saltarán a otro del que se alimentarán igual o mejor.

Para terminar, que el tema me aburre. Rubalcaba se pregunta si necesitamos una cuarta administración. Sería conveniente decirle que ni una cuarta, ni una tercera, ni una segunda y ni una primera si éstas son y funcionan como las que sufragamos y sufrimos, pero no serviría para nada. Es una cuestión de arrestos. Lo fácil es cortar los flecos. Lo complicado y valiente es descabezar a la bicha, atacar al mal en su origen. Qué deje en paz las instituciones provinciales y se mire el ombligo, que lo que sobra en este país es la casta política, no las diputaciones. A aplicarse el cuento él, los suyos y los de más allá.

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