Miércoles 22/11/2017. Actualizado 03:42h

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La voz del lector

Para todos leche o para todos café

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Hace poco leí un articulo sobre un profesor de la escuela de magisterio al que parece ser quieren expedientar por decirle en privado a una alumna que no podía llevar en clase el hiyab.

También me han contado, que en el examen de selectividad este año, los profesores que vigilaban el examen mandaron a las alumnas que se examinaban recogerse el pelo, para dejar al descubierto sus oídos, con la única intención de evitar que copiasen mediante el sistema del pinganillo. Una joven que se examinaba y llevaba el hiyab se negó a quitárselo y desafío con su actitud a la profesora, que sin duda, como mujer mucho más lista que el pobre profesor al que se quiere expedientar, valoro que era mejor dejar estar el asunto a riesgo de que esa joven pudiera copiar libremente (en el supuesto de que llevase pinganillo) y de que se estaba creando un precedente y una desigualdad en contra del resto de las jóvenes que se examinaban, teniendo esta un privilegio que en nada está justificado.

Estamos ante un gran dilema de equilibrio entre libertad e igualdad (no podemos olvidar que intervienen otros valores como la justicia y la seguridad, que también son importantes)

Mi abuelo me decía, cuando surgían ciertos problemas, “aquí pa todos leche o pa todos café”, (podría traer otra expresión que el hombre también decía y que no me gustaría que se malinterpretase, pero que quizás viene todavía mejor al asunto “o todos moros o todos cristianos”)

La inmensa mayoría entendemos perfectamente el trasfondo de dichas expresiones, y que no es otro, que ese equilibrio entre igualdad y libertad es muy difícil. Tan difícil que para que nuestras libertades convivan, nuestra libertad no la podemos llevar al extremo y se ve limitada por el cumplimiento de unas normas de convivencia que nos hemos dado y que pretenden asegurar muchos más valores y busca asegurar la fraternidad, el beneficio común (y no individual o minoritario).

Aceptar la excepción en la norma, supone abrir una fisura que después no podemos cerrar y por la que pasan algunos buenos y se cuelan muchos malos. (Desde luego Soraya Malwick no es de los buenos).

Creo sinceramente que se actúa con el referido profesor en cuestión muy a la ligera, de modo desproporcionado y por tanto injusto (seguramente de modo malintencionado e interesado), poniéndolo en la picota. Pero lo cierto es, que me asaltan muchas dudas ¿realmente debemos dejar que los alumnos vayan a clase con el hiyab, el burka, símbolos del yihadismo, de la legión de Cristo, la falange, la bandera de la republica o la del águila, la esvástica, con capirote de semana santa, o en taparrabos, etc.…? ¿Son todos iguales? ¿Cuáles son aceptables y cuales no? Y ¿por qué? …

Cuidado, mucho cuidado, porque si aceptamos una excepción ¿por qué no otras? ¿cuáles si y cuales no? ¿Quién fija ese criterio? ¿el profesor de la clase, el alumno que lo lleva, el conjunto de los alumnos, el rector, el decano…?

Demasiadas dudas, demasiadas preguntas, pocos principios y muchas excepciones (nos cargamos la seguridad jurídica y las normas de convivencia, y de rebote la igualdad y la fraternidad, y podemos seguir) y como decía mi abuelo llegados a este punto lo mejor, o todos leche o todos café, porque sino, no vamos a ningún sitio y se va a liar una gorda sin fundamento (o por fundamentalistas).

 

 

Raúl VICÉN URIBARRI,

Abogado, Zaragoza.


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