Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:45h

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Los tres mosqueteros de Podemos

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   En opinión de muchos españoles, esencialmente para los votantes del PP y PSOE, los tres mosqueteros de Podemos: Iglesias, Errejón y Monedero, “todos para uno y una para todos”, darán mucho que hablar a efectos electorales y no solo por su discurso altruista y la afloración de nuevos líderes políticos, sino a la vista de sus continuas apariciones en todos los medios de comunicación. Concretamente y centrándonos en esta ocasión en el caso de Juan Carlos Monedero, lo hace frecuentemente en las portadas  de los periódicos de mayor tirada, no solo por sus habilidades económicas sino como reputado consultor financiero, e incluso, por sus sesudos trabajos para el Banco Central Europeo, amén de haber participado en el proyecto de creación de la “moneda única bolivariana”, para Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela, pero siempre dejando muy claro que sus informes le serían abonados de euros. Vamos, toda una joya y según algunos, puro maquillaje de CV.

     A tales actividades, el polifacético Monedero, ha incorporado otra más que al parecer no se le da nada mal, consistente en ejercer de comunista de salón, como lo demostró tras haber sido invitado a compartir y degustar el roscón de reyes en casa de la distinguida dama Carmen Lomana y sus selectos amigos, todos ellos pertenecientes a la clase (no confundir con casta) acomodada. Según los cronicones sociales, Juan Carlos disfrutó como un enano mezclándose con tan egregia concurrencia.

     Una vez más e indefectiblemente quedó demostrada que “todo militante de rigurosa izquierda, en el momento de que toca poder, y por ende dinero, sufre un permanente corrimiento (no erótico), hacia los lujos, comodidades y exquisiteces de la más rancia derecha”. El hecho de pisar moqueta, versión pobre de la alfombra de nudo y disponer de dos secretarias, provoca tal efecto de atracción que le induce a olvidar sus humildes orígenes, y como consecuencia, a cambiar de domicilio, amistades, costumbres, vestimenta, vocabulario (con mucho esfuerzo), amigos y amigas. De acuerdo con el principio del profundo pensador, Tomac de Varelokivich.

     Como ejemplo y mayor comprensión del mencionado principio y posterior transformación, que no todos logran, podría citarse el caso de don Diego Valderas (IU), vicepresidente de la Junta de Andalucía. quien desde tomó posesión y goza de noble y amplio despacho, cuida sus apariciones públicas con esmero, vistiendo ternos de elegante corte y corbatas adecuadas, con cierto abuso del color rojo para cubrir el expediente ante las bases y en sus escasos recorridos por los pueblos andaluces. ¿Es que nadie recuerda las espantosas chaquetas de pana que puso de moda Felipe González y Alfonso Guerra en sus principios? Posteriormente, todos los dirigentes socialistas también las utilizaban pero confeccionadas a medida que costaban un cigoto y la yema del otro.

     Dicen las leyendas urbanas que los izquierdosos recalcitrantes, aunque se niegan a reconocerlo, son seres frustrados y tremendamente envidiosos. Críticos  con los hábitos, lujos y presunciones de la derecha, si bien, una vez alcanzada la prosperidad, pronto asumen los vicios de los conservadores, y como aficionados al futbol, en sus soliloquios ambicionan algún día ser invitados al palco del estadio Bernabeu, bien trajeados y a poder ser luciendo rolex, pretendiendo emular al mismísimo Luis Barcenas, que abandono Soto del Real como si saliese de Zalacaín tan estiloso y refinado como el mismísimo Beau Brummell madrileño.

     El Sr. Monedero, de quien se afirma en cierto periódico haber ingresado otro millón de euros de Venezuela a través de una fundación, sin la menor duda aplica con sorprendente eficacia el viejo refrán español de que “la caridad bien entendida comienza por uno mismo”. Quizá por aquello de que resistirse a ciertas tentaciones es harto difícil. Si se dejase llevar por las encuestas, seguro que en más de una ocasión ya habrá soñado viéndose como ministro de la cosa, y en su fuero interno, guardándolo como el mayor de sus secretos, celebrar que por fin ha logrado formar parte de la casta a la que tanto denodó. ¡¡Tiempo al Tiempo!!

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