Miércoles 13/12/2017. Actualizado 01:00h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

La voz del lector

Por un 12 de octubre eficaz, no retórico

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

El 12 de octubre es la fiesta nacional de España. Una celebración para la unión, superada la del 18 de julio, que, por su naturaleza fratricida, no podía perpetuarse. Y se presenta, esta vez, cuando el país encara su más seria situación, no desde la Transición o desde el 23 F, como he oído y respeto pero no comparto, sino desde el desgarrador período 1936-39. No quiero decir que vaya a haber sangre, por la sencilla razón de que hoy en nuestro país se disfruta de una situación envidiable, y la gente no se la juega cuando come tres veces al día, viste y calza con dignidad, va de veraneo y tantas otras cosas.


El descubrimiento” –sobre esta palabra diré algo al final-, conquista y colonización constituyeron un proceso violento, y los amerindios fueron las víctimas. Pero de todo aquello, que fue terrible, ha surgido la América de ahora, no hay vuelta de hoja. No se trata de ensalzar un hispanoamericanismo caduco, paternalista, recelado al otro lado del océano, sino de profundizar en una relación entre iguales, la que une a países que, en ambos hemisferios, participan de una raíz común. Hoy en España ha casi desaparecido el vocablo “Hispanidad”. Pero la palabra es excelente, y no se debe esconder.


Frente a ella, Francia sólo puede ofrecer la Francofonía, y el Reino Unido la Commonwealth, ambas de menor calado. ¡Qué más querrían los franceses que tener algo semejante a la Hispanidad, y no esa citada Francofonía! Ojo, que huyo del patrioterismo huero y vociferante de los fanáticos, cuyo máximo exponente es el chauvinismo precisamente de Francia. Y, desde luego, nuestro periplo histórico está lleno de sombras, nuestro “imperialismo al revés”1 del que ya fue consciente el sagaz Quevedo, regó de dolor buena parte de Europa y las Américas, “las Indias de Castilla.” Pero no hago ascos a los cálidos efluvios de un patriotismo de alta nota.


El año 2000 se celebró el V Centenario del nacimiento de Carlos I, Carlos V para la Historia. Poco se dijo que su entronización en España supuso la sumisión de ésta a su política delirante. Este rey pretendió realizar su trasnochada idea europea... a costa de Castilla, porque ya decía el citado Quevedo que sólo Castilla y León / y el noble reino andaluz / llevan a cuestas la cruz”2. Él y después su hijo Felipe IIdisiparon la coyuntura más favorable presentada a nación alguna en tiempo alguno. Los caudales de sangre, energía y dineros se dilapidaron en pendencias ajenas a los intereses de España. Las guerras inverosímiles en que la embarcaron, amén de la estela de dolor que dejaron en Europa, absorbieron las arcas, cuerpos y espíritus de los españoles.


Lo más perenne que se realizó entonces, la empresa americana, que hace de España hoy matriz de una veintena de naciones que hablan español, se llevó a cabo a pesar de esos dos reyes. Sí, a pesar. Con una escasez de medios que asombra y que la convierte en la mayor epopeya humana. Porque no había pertrechos ni hombres para aquello, que ha sido lo transcendente, sino para aventuras disparatadas ajenas al interés nacional. Utilizaron España y Las Indias como el joven disoluto una cartera ajena. Reivindico mi derecho a expresar que se equivocan quienes ponen a esos dos reyes en la cúspide de los monarcas españoles. Ese lugar corresponde, en mi opinión y sin la menor duda, a los RRCC (Reyes Católicos), verdaderos factores, auténticos creadores de España.


Afirmar que la llegada del hombre a la Luna señala la mayor hazaña de todos los tiempos es hiperbólico. Supone 1969 un hito histórico, desde luego, pero aquellos astronautas iban teledirigidos por los extraordinarios medios de la técnica moderna. El puñado de españoles embarcado en tres cascarones se dirigió hacia ultramar “a capella”, sin otra ayuda que su extraordinaria tensión vital y la firme determinación de su capitán. Si los astronautas tuvieron que enfrentarse al problema psicológico de salir de la Tierra, aquellos esforzados de 1492 vivían en un mundo de leyendas repletas de monstruos marinos y advertencias de que, llegados a un punto, el planeta se esfumaba en una insondable cascada marina que los succionaría. Y, como el cine engaña mucho con sus decorados, repito: fueron en tres cascarones sin apenas espacio para moverse.


América ha crecido aceleradamente en la centuria pasada. A comienzos del siglo XX era todavía tierra de aventura, de espacios interminables abiertos a la curiosidad y codicia de los recién llegados de Europa. Ahora está en plena explosión demográfica y no ha resuelto su principal problema: alimentar a todos sus habitantes. Allá se encuentra, en contraste con la pobreza del sur, el gendarme del mundo, el país que ha hecho del “american way of life”3 estandarte, el que exporta al resto del orbe no sólo mercancías, sino también sus modos, claroscuro de virtudes y defectos de un pueblo joven.


Acabaré señalando que considero incorrecto hablar del “descubrimiento” de América por España, por Europa. Sería más apropiado decir que ambos mundos se descubrieron mutuamente, y que el menos evolucionado quedó subordinado. El Viejo Mundo y el Nuevo Mundo son clichés lingüísticos con sentido sólo aquende el océano y que suponen olvido de lo que había allende. Y añadiré que España debería orientar su política de solidaridad preferentemente hacia esos países, con exquisito tacto, sin “entrar a la española” (expresión de un insigne escritor mexicano), ni siquiera cuando el objetivo sea la ayuda. No habría, pues, que esconder la palabra “Hispanidad”, sino liberarla de la carga retórica que ha venido lastrándola y convertirla en realidad eficaz.



1 Quería decir con ello que España no obtuvo beneficio económico de su Imperio; antes bien, quedó arruinada.

2 La verdad es que en lo del “noble reino andaluz” barrunto más que nada deseo de rimar con “cruz”. Entre otras cosas, porque Castilla iba desde Guipúzcoa hasta Cádiz, excepto Navarra y los cuatro territorios hispánicos de la Corona de Aragón. No obstante, las provincias vascongadas, a pesar de pertenecer al reino castellano, estaban libres de cargas.

3 “Estilo de vida americano.” Lo traduzco porque considero que los españoles no estamos obligados a saber inglés. Por otro lado, obsérvese que los estadounidenses confunden América con su país, que sólo es una parte de aquel continente, y además, en mi opinión, excepto en los enormes territorios usurpados a México, la menos americana de todas.


·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··