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La voz del lector

El país

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Sé que las cosas no pintan bien. Lo intento hablar con amigos y familiares pero no sirve de nada. Todos repiten una y otra vez la misma historia "el país va mal, no hay trabajo." como si eso no lo supiese ya. Por si fuera poco la charla idéntica de cada uno de ellos, la televisión, radio y periódico, ya se encargan de recordarte a diario lo mal que está todo. Que a mí me parece muy bien que se informe, pero cuando hablo con los míos explicándoles mi mísera situación, no necesito que me repitan un centenar de veces la mala economía y crisis de España, yo solo quiero que alguien me agarre la mano y mirándome a los ojos me diga "todo va a salir bien". Que sea verdad o mentira es otra cuestión.

Nos esforzamos en derrumbar al prójimo. Ser demasiado realista no es una virtud, ni una cualidad mejor que el pesimismo. El ser humano entiende de razones pero vive de ilusiones y esperanzas, a veces estas últimas llegan, o no, pero si se las quitamos, no valemos más que un mosquito con solo sus instintos básicos rondando por su diminuto cerebro. Porque en tiempos de desolaciones, desesperanzas y gritos mudos, lo único que podemos ofrecer a parte de la miseria, es la esperanza. Porque señores si acabamos con la esperanza del país, vamos a matar a seis millones de personas.

Inglaterra, Francia y Alemania nos esperan, siempre está esa puerta. Pero ¿y si en vez de ser aquel al que llamas iluso por quedarse y luchar lo llamas valiente, esperanzador y fuerte? Porque personas como ellas hay pocas y serán las que saquen todo a flote. No llegues a casa de un parado a explicarle lo mal que va todo, al igual que no te sentarías al lado de un mendigo a pedirle comida o de un enfermo de cáncer terminal a decirle lo difícil que es tu vida porque se te ha manchado de vino tu camisa más cara.

Siempre hay enfermos con más dolor que tú, estudiantes con más nota y obreros con más maña. Pero no por ello vas a abandonar tu esperanza.

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