Martes 12/12/2017. Actualizado 13:33h

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Mientras lo pensáis, adiós UGT

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Observo con sorpresa cómo UGT, sindicato al que estoy afiliado desde hace años, se une a otras asociaciones radicales en una concentración a favor del aborto en Albacete.

A los compañeros que dirigen un sindicato que lleva 111 años defendiendo a los oprimidos, les recomiendo que se acerquen a la cruda realidad del aborto. En España abortan 120.000 mujeres anualmente, en su mayoría jóvenes, que quedan traumatizadas pues después de un aborto nunca vuelven a ser las mismas por mucho que quieran ocultarlo quienes alegremente invitan a ello. Lo cierto es que detrás de un aborto hay mucho sufrimiento y dos vidas destrozadas.

Marx, en su libro El Capital, recoge testimonios de niños y jóvenes explotados en las minas escocesas de carbón y reacciona frente a la opresión de la que son objeto estos indefensos frente al poder de los intereses económicos. Hoy los oprimidos son estas jóvenes mujeres que desfilan al interior de los abortuorios, víctimas de una sociedad  que primero les vende la falacia del sexo sin riesgos, luego les niega ayuda ante un embarazo inesperado y finalmente las empuja contra su voluntad al callejón sin salida del aborto.

No se puede ocultar más la realidad: el aborto es una forma de violencia machista contra la mujer y un lucrativo negocio. Y no es una visión particular sino que las crudas palabras de Margaret Sanger, fundadora de la organización internacional abortista IPPF, lo confirman: “… al introducir la mentalidad anticonceptiva en un país, el aborto es el siguiente paso a seguir. Al fallar el anticonceptivo, la solución es el aborto. Al salir de sus clínicas de aborto se les vende más anticonceptivos y si vuelven a tener otro embarazo pueden regresar a abortar otra vez, volviéndose un negocio redondo…”.

Compañeros de UGT, con los que comparto inquietudes por mejorar la sociedad: defended de verdad al más débil, al peor parado de este tema, no sigáis defendiendo a quienes amenazan a estas mujeres con el abandono sentimental o con el despido, no sigáis defendiendo a una industria que se esta lucrando con la muerte de unos indefensos y con el sufrimiento de sus oprimidas madres.

Mientras lo pensáis, permitid que actúe de acuerdo a mi conciencia y dadme de baja del sindicato.

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