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El perdón y la misericordia

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Recientemente tuve la ocasión de ver la entrevista que Jordi Évole realizó a Mikel Ayestarán, periodista especializado en Oriente Medio. Se encontraban ambos en el campo de refugiados de Zaatani, en Jordania. La guerra de Siria ha originado, desde 2011, más de cuatro millones de refugiados. Hablaba de que podría considerarse como una guerra mundial en miniatura, dada la implicación de unos cuantos países en el momento actual. Al referirse Évole a la foto del niño ahogado, de gran impacto en Europa, Ayestarán dijo que en aquella zona tienen la experiencia de ver a niños y adultos muertos en directo por lo cual, afrontar la muerte es algo "natural". Se cortan cabezas o se mata por ser de otra secta diferente, los sunies y los chiíes se odian. La alternativa al régimen sirio de 2011 es el islamismo más radical que se ha conocido en los últimos años. ¿Cómo puede llegarse a la paz? Ayestarán manifestó que allí eso de "poner la otra mejilla" no se entiende y que la sangre se paga con más sangre.

Realmente, el perdón es algo característico de la vivencia cristiana, por eso impacta tanto la conducta de los cristianos perseguidos que saben perdonar desde el dolor y la desolación que les rodea. En cualquier lugar de la tierra, el cristiano que lucha por vivir su fe cada día, se esfuerza por perdonar a los que le hacen sufrir o le decepcionan profundamente. Esta actitud no se da de manera espontánea pero esforzarse por llegar a ella es el camino para la persona que quiere llegar a la paz y a la libertad interior. La cultura moderna no hace mucho por destacar el perdón y, a veces, trata de legitimar el rencor y la venganza. ¿Puede disminuir de este modo el mal en el mundo? Hay necesidad de proclamar muy alto que el único modo de paliar el dolor que pesa sobre la humanidad es el perdón. De otro modo, muchas personas quedarán siempre, como mínimo, prisioneras de sus rencores. Cuando el rencor anida en un corazón humano, la persona es inundada de sentimientos negativos que agotan parte de sus energías, queda como "bloqueada", incapaz de vivir adecuadamente los demás aspectos de su vida.

En el capítulo 6 del Evangelio de San Lucas se encuentra una de los pasajes más bellos y exigentes sobre el perdón: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen....Al que te hiera en una mejilla ofrécele la otra...Tratad a los hombres de la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados.....Haced bien y prestad sin esperar nada a cambio, y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo porque Él es bueno con los ingratos y perversos. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará..."

Cuando una persona se halla interiormente "oprimida", muchas veces, no habrá otra razón más que ésta: el corazón está siendo mezquino en sus disposiciones hacia otras personas y se niega a perdonar con generosidad.

El mal no puede vencerse más que con el bien. La libertad interior puede llegar a conseguirse haciendo "hoy" el bien que esté en nuestra mano sin preocuparse del "mañana". Cada día tiene su propio afán y es muy aconsejable centrarse en el "hoy y ahora". Que interesantes son las palabras del autor francés Jacques Philippe: "El mal no procede de las circunstancias externas; procede del modo en que reacciona nuestro interior". Y cita unas palabras de la escritora Christiane Singer de su libro "Cómo aprovechar las crisis". Dice ella lo siguiente: "Lo que arruina nuestras almas no es lo que ocurre fuera sino el eco que esto suscita en nosotros."

Sucede que cuando nos detenemos demasiado a considerar lo que no "marcha bien", cuando lo convertimos en el tema central de nuestras conversaciones, cuando hay una queja permanente (aunque sea en nuestro interior), nos desanimamos más y se acaba agrandando el problema, se le da más consistencia al "mal" de la que realmente tiene. Una persona avanza en su vida, tiene paz, si se centra en el bien que puede hacer o vivir y no inquietándose exageradamente por los fallos propios o ajenos.

El Año de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco, con su inicio el 8 de diciembre, día de la Inmaculada, está anunciado y desarrollado en un documento "El rostro de la misericordia". Dice el Papa: "Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas (las parábolas) encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.....El perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón."

Y es que, realmente, apartar de nosotros el rencor, la venganza, la rabia, todo lo negativo, es algo necesario para vivir felices. Qué eficaz resulta recuperar el silencio interior y saber escuchar a Dios que sale a nuestro encuentro cada día, pero lo hace siempre respetando nuestra libertad, nunca imponiéndose, siempre ofreciendo misericordia.

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