Domingo 19/11/2017. Actualizado 11:46h

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La voz del lector

Todos somos responsables

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No aprendemos de la Historia, la Primera Guerra Mundial se desató por el circunstancial asesinato de un aristócrata en Sarajevo y ahora se avecina tormenta en el Sahara. Es evidente que las brasas del conflicto se avivan, va a ser necesario asumir responsabilidades y actuar con la lucidez que no posee nuestra política internacional. La inminencia de un posible conflicto armado que culmine en la aniquilación del pueblo saharaui deja la situación actual a la altura de una brisa suave y, si dejamos que esto ocurra, el ambiente en el tablero norte-sur va a volverse particularmente tenso. Es comprensible que nuestros políticos eviten una confrontación directa con Rabat porque los deberes no se han hecho durante años. Europa es un club exclusivo restringido a África en el que España es la portería. Nos hemos entendido con los vecinos del norte, hemos hecho el esfuerzo por mezclarnos e integrarnos en la comunidad globalizada de a quienes nos unimos por tierra, ¿pero no es acaso la barrera de los Pirineos más alta que 12 kilómetros de agua salada? Nuestra mezcla económico-cultural con Marruecos no ha sido adecuada. Apoyamos económicamente el desarrollo de países como Irlanda o Grecia que en realidad nos son mucho más ajenos. Hemos enconado una relación de hostilidad con nuestro vecino más ruidoso sin preocuparnos por contribuir a la solución en su origen de las oleadas de inmigración que durante tanto tiempo hemos recibido y, ahora que la crisis deja a nuestros mayores sin empleo y los dispone a asumir las tareas que hasta hace poco han desarrollado los inmigrantes porque nadie estaba dispuesto, la xenofobia -tan absurda en la actualidad- puede tener motivos para resurgir de sus cenizas. Estamos obligados a establecer algo más que un diálogo cordial, estamos obligados a comprender qué puntos nos hacen culturalmente distintos y contagiarnos mutuamente de lo positivo. A Europa, y al llamado occidente, le interesa pactar con Marruecos y llegar a acuerdos por los que se beneficien a nivel socio-cultural de proclamar la autodeterminación del pueblo Saharaui. Es nuestra responsabilidad y ello incumbe a todo el imperio de occidente.

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