Opinión

Qatar y el boicot de postureo

Ceremonia de inauguración del Mundial de Qatar (Foto: Robert Michael / dpa - Only For Use In Spain).
photo_camera Ceremonia de inauguración del Mundial de Qatar (Foto: Robert Michael / dpa - Only For Use In Spain).

El Mundial de Fútbol que acaba de arrancar será sin duda uno de los más polémicos de la Historia del deporte. Y eso sin apenas haber rodado aún el balón. Algo que dista mucho de ser un estreno ideal, aunque los organizadores hagan oídos sordos a la crítica internacional.

Lo cierto es que la polémica rodea al torneo desde que Qatar fue elegida como sede en 2010. Este país nunca se había clasificado para un Mundial antes; se produjeron llamativos cambios de voto de última hora; no ayudaba el hecho de celebrarse en invierno a causa de las condiciones climáticas locales; ni las sospechas de soborno a algunos cargos de la FIFA, entre otros asuntos.

Pero en las últimas fechas, sobre todo en las semanas previas al arranque de la competición, también se han alzado voces recordando principalmente tres temas relacionados con el respeto a los Derechos Humanos. En primer lugar, para el torneo, Qatar tuvo que construir nuevos estadios, un aeropuerto, un sistema de metro y varias carreteras. Lo hizo merced a la contratación de unos 30.000 extranjeros, que según Amnistía Internacional vivían hacinados, pagaban para ser contratados, no cobraban a tiempo y tenían sus pasaportes confiscados. Se calcula que más de 6.000 murieron durante las obras de construcción.

Al asunto de las condiciones laborales hay que unir la decisión de organizar el torneo en un país donde la homosexualidad es ilegal. Pero no solo el trato a la comunidad LGBTIQ+ es motivo de preocupación. También lo son las mujeres, pues según Amnistía Internacional éstas siguen siendo objeto de discriminación en la ley y en la práctica diaria del país.

Todas y cada una de estas críticas son válidas. Y sin duda deberían haber sido más que suficientes para imposibilitar la elección de Qatar como sede. Pero de eso hace ya 12 años. Salir a denunciar todo esto ahora, mientras los jugadores se calzan las botas, no es un intento de boicot. Es un acto de postureo, de puro oportunismo. ¿Dónde estaban durante más de una década todos los que ahora critican al país organizador? 

Tratar de boicotear el Mundial cuando ya no hay vuelta atrás es, simplemente, inútil. Prefiero la postura proactiva de la federación danesa, que anticipó que su selección no tendrá los logos de sus patrocinadores comerciales en las camisetas sino “mensajes que promoverán los derechos humanos”. Eso sí es una acción de peso. De visibilidad. Y quién sabes si tendrá hasta algo de efecto. Por tanto, menos postureo y más acción. Y mientras… que corra el balón.

Miguel Ángel Rodríguez Caveda es periodista, ganador de tres premios Emmy y presidente de la agencia internacional de comunicación 3AW.

 
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