Opinión

Sánchez, el peor ciego

Dice el refranero popular que no hay sordo más sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Esto podría aplicarse como ejemplo práctico al sujeto que habita en La Moncloa desde hace ya -demasiado- tiempo. Ante una de las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en los últimos años, Sánchez ha decidido taparse de nuevo los ojos y los oídos y afirmar sin pudor que los asistentes a la marcha del sábado en contra de sus políticas son personas “excluyentes”. A sus ojos, se trata de radicales, activistas manifestándose en su contra. Indignos de tenerlos en cuenta. Dice eso… y se queda tan ancho. 

Hace ya tiempo que los ciudadanos españoles somos conscientes de que el Presidente de la moción de censura, el que pacta con filoetarras, esquerrorepublicanos, independentistas y comunistas, tiene una relación peculiar con la realidad: ve una diferente a la que vemos el resto. Pero lo del pasado fin de semana clama al cielo. Empezando por el número de personas que se lanzaron a las calles a protestar en contra de la gestión de Sánchez y a favor de proteger la Constitución: según los organizadores, medio millón de asistentes; según el Gobierno, pocos más de treinta mil (¿quizá los contaba Tezanos?). Vean las imágenes y juzguen por ustedes mismos.

Las proclamas de los manifestantes eran diversas. Entre otras cosas, se protestaba por los “pactos oscuros”, en favor “de la democracia” y “de la Constitución”, en contra de “la dictadura” y el “debilitamiento del Estado”. Todas ellas parecen reivindicaciones coherentes con un Estado de Derecho. Pero para Sánchez, son radicales, “excluyentes”. Ver para creer. Salvo si uno no quiere ver, claro está. Lo malo es que, en este caso, el ciego es el que lleva el timón del Estado.

Miguel Ángel Rodríguez Caveda es periodista, ganador de tres premios Emmy y presidente de la agencia internacional de comunicación 3AW.

 
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