Opinión

Los camareros hablan

No sólo sirven cafés, cañas y pinchos, sino que también hablan con sus clientes, y si están contentos de cómo les tratan los que mandan, hablan sin parar de ello a todo bicho viviente. También pasa con los peluqueros o los taxistas: si les dejan trabajar, aunque sea un poco, en estos tiempos de pandemia, con todas las restricciones habidas y por haber, están contentos y te valoran positivamente, porque piensas que el bienestar de ellos no sólo está en la salud, con ser esto importante, sino en vivir, más o menos tranquilamente, de su trabajo.

Todo el que quiera cerrarlo todo como prevención de posibles contagios pandémicos, se encuentra, cuando pasan meses y meses así, con que esa prevención no sirve bien hasta que no estemos todos vacunados. Mientras tanto  las medidas parecen escasas, fastidian a muchos, pero no sirven casi ni para curar a algunos. 

La pandemia enseña a tomarse en serio a unos más que a otros: no es lo mismo lo que te dicen cada día al tomarte el cafelito, que lo que sale en las pantallas, con cifras y exigencias difíciles de comprender, e incluso a veces contradictorias: lo que te dijeron ayer no tiene por qué ser lo mismo que lo que te dicen hoy, mientras que al camarero o el peluquero lo ves cada día más contento, con sensación de haber acertado, más en esta Comunidad que en otras, en las que sus colegas lo están pasando fatal, al impedirles que trabajen con alguna normalidad.

El vídeo del día

Llegada de Sánchez a Dakar (Senegal)

Hay un ansia creciente por escuchar algo en lo que puedas confiar más, y unos políticos aciertan más que otros en las decisiones que toman sobre la pandemia. Como el guapo que dice que comunismo o libertad es un falso dilema, o el soso que recuerda la foto de Colón, con la cantidad de cosas que han venido a pasar después. La clave es trabajar de la mejor manera posible para que la gente pueda trabajar, sin soflamas, con la eficacia que transmiten los camareros o peluqueros.

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