Opinión

La crispación provocada suavemente

Pedro Sánchez y Miquel Iceta, en un mitin del PSC.
photo_camera Pedro Sánchez y Miquel Iceta, en un mitin del PSC.

Por alguna razón misteriosa, casi todo el mundo está crispado como modo de vida permanente. Es el subidón constante que hace pensar en una sociedad muy fumada, con una pérdida constante del sentido común, esa cosa que nos unía a los demás aunque fueran distintos,y que parece batirse en retirada. El movimiento de los chalecos amarillos en Francia, o los que se quejan de todo y salen a la calle a manifestarlo para que se sepa, parecen profesionales de la crispación, gente muy peparada para incordiar en cuanto tengan la menor ocasión.

Y eso se junta con los que saben que la gente se enciende cada vez con mayor facilidad: han descubierto en la provocación, en el enfado provocado, su mejor arma para controlarlo todo con una mayor facilidad. Y la gente cae en la trampa ahora ya casi sin darse cuenta: se enfadan por tantas cosas y con tanta frecuencia, que no les queda tiempo de pensar que están bailando al son del crispador profesional, para que sigan bailando y le dejen a él hacer lo que le venga en gana.

Es la crispación suave, la que entretiene, la que ocupa tu tiempo en cosas que no tienen ninguna importancia, para que no te ocupes de resolver las que verdaderamente te interesan. Como dice Sánchez: ‘hay que evitar situaciones traumáticas’ , como sería lo que está haciendo al proponer utilizar a Iceta: una cosa aparentemente muy poco traumática, normal, que se ha hecho siempre, aunque, hasta hace poco, el PSOE era radicalmente contrario a ella. 

Al acosar, que no parezca que te lo quieres comer todo, aunque ese sea tu motivo principal de actuar. Que todo vaya suave, amable, sonriente, pero que genere enfado, molestia, dolor en aquellos a los que quieres controlar. Que tú estés siempre sonriente haciendo que los demás estén siempre tan enfadados que eso les haga perder los estribos.

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