Opinión

Se aproxima la hora de la verdad en Francia

Vista desde aquí a través de los medios de comunicación, la campaña para la elección presidencial ha sido más bien decepcionante, sobre todo, por la capacidad de los principales candidatos de sortear los grandes problemas, que pueden exigir soluciones no precisamente populares. Sin embargo, no se cumplieron las previsiones, y la participación en primera ronda fue normal para los usos galos: un 80%.

Estos últimos días, las cosas no han mejorado. No hay propiamente debate, sino operaciones para atraer a quienes votaron el día 22 a Marine Le Pen y François Bayrou, con o sin pactos de gobierno. Se supone que los partidarios del Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, sorprendentemente más reducidos –unos 3/5‑ que los del Frente Nacional, apoyarán al candidato socialista, salvo los decepcionados que se abstengan.

El éxito de Le Pen (más del 18%), mayor del esperado, le está llevando a marcar excesivas distancias con los dos presidenciables, puesta la mirada en las elecciones generales de junio: espera buenos resultados y formar grupo parlamentario, para fustigar a los grandes partidos, y erigirse en líder antisistema. Pienso –no sólo deseo‑ que fracasará, porque el voto de castigo de los ciudadanos a Nicolas Sarkozy el día 22 difícilmente llegará tan lejos.

Por esto, es previsible que, como en consultas anteriores, también en esta segunda vuelta el actual presidente, y a pesar de haber perdido popularidad y tener más antipatías, recibirá un apoyo significativo de electores de extrema derecha. De hecho, parece reducir distancias en los sondeos, que siguen dando vencedor a Hollande.

Peor lo tiene con los centristas del MoDem de Bayrou, más críticos y equilibrados. Sin duda, los guiños de Sarkozy para atraerse a los lepenistas le alejan apoyos del centro. Por otra parte, el rechazo de Hollande a los debates públicos directos planteados por el actual presidente probablemente aumentará la abstención en la franja del centro que, inicialmente, optaba por el cambio.

Los ciudadanos están recibiendo estos días en sus buzones las “profesiones de fe” de Hollande y Sarkozy. Así dicen en Francia, donde la gran apuesta republicana por la laicidad es compatible con la continua aplicación de términos religiosos a la vida política. Ambos candidatos intentan convencer a los abstenciones para que voten, y a los indecisos para que les apoyen. Insisten lógicamente en el carácter “histórico” del momento que van a vivir el 6 de mayo…

El discurso de Hollande es más presidencial y patriótico, en un formato que prescinde de símbolos y siglas de partidos. Sólo cita dos veces a su contrario, pero con especial contundencia: “habéis sancionado al candidato saliente”; “durante cinco años, habéis sufrido las injusticias y los fracasos”.

El de Sarkozy es más crítico. En un texto de tres páginas, incluye ocho referencias al partido o al candidato “socialista”. Buena parte de su programa se construye en oposición a su concurrente: por ejemplo, “contrariamente al candidato socialista, me opongo al derecho de voto de los extranjeros”.

Desde luego, la experiencia muestra que la victoria en primera ronda no abre las puertas del Elíseo. En 1974, François Mitterrand, candidato único de la izquierda, ganó con el 43,2%, pero acabó perdiendo por los pelos con Valéry Giscard d’Estaing. Siete años después, VGE sacaba 2,5% a Mitterrand en primera vuelta, pero no pudo revalidar su mandato. También en 1975 Lionel Jospin ganó el primer asalto a Jacques Chirac, pero no consiguió luego la presidencia.

 

En conjunto, los resultados de esta primera vuelta confirman el avance de las formaciones de izquierdas. El 42,04% de los votos fueron para François Hollande, Jean-Luc Mélenchon y Eva Joly. Si se suma la izquierda anticapitalista, se llega al 43,75%. El problema para Sarkozy, con el 27,18%, es que no puede contar con el casi 2% de Nicolas Dupont-Aignan, ni con el 9,13% del MoDem (puede repartirse entre los dos candidatos y la abstención), ni el 17,9% del FN (quizá el 60% vote a Sarkozy, el 20 a Hollande y el resto se abstenga). En definitiva, las relaciones de fuerza, aun estando equilibradas, manifiestan más posibilidad de triunfo para François Hollande, en coincidencia con la probabilidad anunciada por sondeos fiables. Mucho depende de la movilización que cada candidato consiga esta semana decisiva.

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