Opinión

Incertidumbre ante las elecciones presidenciales francesas de 2022

Macro, presidente de Francia
photo_camera Macro, presidente de Francia

Se repite la experiencia, agudizada hoy por el coronavirus. Cuando comienza el último año del mandato presidencial, la vida pública se tiñe de electoralismo y, de modo tácito pero clamoroso, arranca la campaña. La mirada política se dirige más bien hacia la segunda vuelta: no es nada probable que un candidato consiga mayoría en la primera, como en casi todos los comicios precedentes.

La pandemia ha roto certezas y debilitado confianzas. La incertidumbre del futuro inmediato, a pesar de los evidentes deseos de recuperar la normalidad, se proyecta también sobre el porvenir político, con excesivas dosis de cansancio personal y público, que fragiliza la convivencia democrática. No es fácil sacudirse la amenaza de la abstención, el gran vencedor en las más recientes elecciones municipales.

La izquierda tal vez salga de su actual crisis uniéndose contra la política del presidente Macron: comienza a suscitar desconfianza su capacidad de conciliar contrarios, de cuadricular círculos. En la práctica, algunos proyectos de ley ya aprobados o en avanzado trámite parlamentario complacen al sentimiento de orden y seguridad más propio de la clásica derecha. Basta pensar en las normas sobre seguridad ciudadana y defensa de la policía, o la política en materia de comercio y consumo de drogas. Hasta el candidato comunista, Fabien Roussel, apuesta por la seguridad y apoya a la policía.

Se baraja –más en línea de añoranza que de realidad práctica, la aproximación de posturas entre la Francia insumisa de Jean-Luc Mélenchon (LFI), Europe Ecologie-Les Verts (EELV) y no pocos socialistas y comunistas. En estos días en que se conmemora el 40º aniversario de François Mitterrand, se  querría recuperar algo semejante al Programa común que le llevó al Elíseo. Por ahí discurren, por ejemplo, las propuestas de unión entre socialistas y verdes. Pero las diferencias personales entre los líderes son notorias.

Los votantes del partido de la derecha (LR) triunfadora con Chirac o Sarkozy están ahora bastante desorientado, tanto por razones ideológicas como por la falta de un auténtico líder. De hecho, según algunas encuestas recientes, aunque les atraen posiciones de la extrema derecha en algunas cuestiones sociales, el 47% prefiere una alianza con el macronismo, que por su parte está protagonizando tendencias muy próximas, como apuntaba antes. Le votarán en segunda vuelta, frente al 33% de quienes piensan que su partido debería aliarse o fusionarse con RN, el partido de Marine Le Pen (quince puntos menos que en 2020). Está ver el éxito en las regionales de Xavier Bertrand, ex-LR, que ha lanzado ya su candidatura para 2022 en nombre de una “derecha social y popular”.

Pero una sociedad tan compleja como la actual se resiste a simplismos y estereotipos. La solidaridad social no depende ya de la clase. La izquierda social-liberal a lo Blair refleja demasiadas contradicciones internas. El miedo a la destrucción de la naturaleza no basta para adherirse a políticas verdes no experimentadas y no exentas tampoco de incertidumbres, porque falta coherencia para aceptar las renuncias que exigiría: la economía de mercado ha creado necesidades superfluas a las que se ha acomodado la gente por la comodidad o el bienestar que aseguran.

De otra parte, el bien común deja paso al interés general, a las expectativas de los muchos, pendientes de superar las secuelas del coronavirus, tener trabajo –con mejores condiciones laborales- o una buena jubilación –no mucho después de los 60-, pagar sus deudas, asegurar el futuro de hijos y nietos. No están ahora quizá para experimentos. Y, al cabo, no faltan quienes consideran que la energía nuclear es la mejor desde el punto de vista del medio ambiente.

Como se ha escrito estos días, a un año de las elecciones presidenciales, la única certeza es que no hay certezas. De todos modos, algunos pactos previos a los próximos comicios regionales, así como los resultados de éstos y el índice de participación, podrían ir despejando el panorama.

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