Opinión

Paradojas de los partidos “verdes” en las elecciones europeas

Green Party,partido verde del Reino Unido.
photo_camera Green Party,partido verde del Reino Unido.

Un tanto inadvertidas en España, por el grado de confrontación política doméstica, las últimas elecciones europeas están siendo objeto de abundantes análisis políticos en la prensa internacional. No se trata sólo de la sensación de respiro de los europeístas, al comprobar que el avance de los euroescépticos resulta controlable, especialmente cuando se produzca al fin el Brexit, habida cuenta del excesivo número de diputados insularistas que el Reino Unido ha enviado a la Eurocámara.

Otro punto importante de valoración es el aumento real del número de ciudadanos que acudieron a las urnas, de modo particular, gracias a la movilización de la gente joven, que suele estar a favor de Europa. Finalmente, no se despejan las dudas sobre el futuro de los partidos “verdes”.

Parece claro el incremento del peso de las cuestiones ecológicas en la vida pública. Crece la preocupación por la defensa del medio ambiente, aunque los momentos electorales no son los más propicios para la discusión de medidas a largo plazo, indispensables, por ejemplo, ante la grave cuestión del cambio climático. Pero, a diferencia de la aceptación común del Estado del bienestar, sigue siendo debatida la fórmula política más idónea para contribuir a la solución de los problemas. No hay en absoluto unanimidad a favor de la existencia y el trabajo –en cierto modo, unidireccional- de los partidos ecologistas. No faltan quienes consideran, incluso, que sus objetivos están más en la línea del concepto clásico de grupo de presión, o en el más moderno de movimiento, que en el de partido político: como sucede con tantas formaciones que se han presentado a las elecciones europeas, con programas demasiado especializados, como mejora de servicios públicos, desempleo, pensiones, reducción de parlamentarios o aumento de referéndums.

De todos modos, puede hablarse de un reconocimiento del poder verde en Europa, reflejado en los 69 escaños del nuevo Parlamento, incluidos siete británicos: un 40% más que en las elecciones de 2014. Pero los contrastes son excesivos: en Alemania, país con una presencia histórica ascendente de las formaciones ecologistas, los resultados han provocado la dimisión de Andrea Nahles, presidente de la socialdemocracia, sobrepasada por los Verdes. En cambio, no han avanzado en la Suecia de Greta Thunberg, sin perjuicio de la evidente influencia del movimiento entre la joven generación.

Desde luego, al menos en Alemania, donde hay ya datos estadísticos fiables, la edad ha sido factor determinante en el 20% de votos del Grünen, sólo superado, aunque en declive, por la democracia cristiana. En el grupo de los menores de 30 años, los Verdes obtienen unos resultados superiores a la media de los demás, con el 34% de los votos. En esa franja, por ejemplo, la CDU-CSU obtiene el 13% (28,7% en conjunto), mejor que el SPD (10%; 15,8%) y que el partido alternativo de extrema derecha (6%; 11%). Tampoco parece ajeno a esta evolución, el mejor manejo de las redes sociales por parte de los jóvenes.

Sorprendentemente, mientras en Finlandia los ecologistas alcanzan el segundo puesto, en Suecia no se ha producido un “efecto Greta Thunberg”; es más, los Verdes han bajado del 21 al 14% en la franja de 22-30 años, y del 20 al 17% entre los de 18-21 años. Estos resultados políticos son compatibles con el dato de que el 90% de los jóvenes considera una prioridad la lucha contra el cambio climático. Pero, a la hora de votar, prevalecen criterios generales: concretamente, una tendencia hacia la derecha, observada ya en las elecciones legislativas del otoño pasado.

Pero da la impresión de que el avance verde sólo es posible en países con cierta estabilidad política y económica. Quizá por esto, los partidos ambientalistas apenas existen en los países latinos ni en los del este de Europa. Incluso, en Francia, donde la lista Europa Ecologie-Les Verts, liderada por Yannick Jadot –candidato en las últimas elecciones presidenciales francesas- alcanzó ahora el 13,5% de los votos, la presencia política de estos movimientos no está consolidada.

En cualquier caso, como escribe el 1 de junio la socióloga Dominique Méda en Le Monde, la construcción de un nuevo paradigma ecológico europeo necesitará un esfuerzo intelectual intenso. Porque hay decenas de matices, que van "del ecosocialismo al capitalismo de Estado hipertecnológico o al repliegue nacionalista salpicado de anticapitalismo, reflejado en los partidos soberanistas recientemente reunidos en Milán".

Comentarios
Somos ECD
¿Quieres ser protagonista del Confidencial Digital?