Opinión

El respeto democrático de las minorías en la India

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La unidad es compatible con diferencias tremendas, también en el plano económico: de grandes fortunas y zonas de máximo bienestar, a la pobreza y el hambre; de instituciones científicas de gran nivel –es una de las potencias nucleares del mundo- al analfabetismo de muchos ciudadanos; de acusada presencia en la vida internacional a la pervivencia de discriminaciones graves, especialmente respecto de la mujer.

La tradicional coexistencia de contrarios comenzó a peligrar con el avance de la coalición de partidos, con predominio nacionalista, que sostiene actualmente al gobierno federal. Destaca el papel creciente del Bharatiya Janata Party. Sus rasgos tienen puntos comunes con los populismos de occidente, aunque destaca cada vez más su dificultad para respetar las minorías, también porque sigue sin ratificar documentos internacionales esenciales en materia de derechos humanos.

El problema se agudiza en algunos Estados, en los que tradicionalmente la relativa opresión a las minorías era frenada por el gobierno de Nueva Delhi, en tiempos del "Congreso Nacional Indio". Ahora más bien se producen acciones en sentido paralelo, que inquietan sobre todo a las autoridades religiosas de confesiones venidas de fuera, como el cristianismo.

No se puede olvidar que la India es una extensa república federal, formada por 29 estados y siete territorios de la Unión. Su población se aproxima a los 1300 millones de personas, unos 150 por debajo de China, aunque las previsiones demográficas indican una posible equiparación en próximas décadas por el declive del continente amarillo. A diferencia de Pakistán –república islámica-, la India no es confesional, aunque prevalecen las religiones tradicionales, como el hinduismo, el budismo y los sijs. Si desde la capital no se envían mensajes apaciguadores a los estados más problemáticos, sufrirán las minorías, se limitará la libertad religiosa, y se ampliarán los brotes separatistas.

En buena medida, ése es el mensaje que trasladó el cardenal Oswald Gracias, recientemente elegido presidente de la Conferencia episcopal india al primer ministro Narendra Modi, en su visita del pasado 20 de marzo en el parlamento federal. A mediados de marzo, entre otras manifestaciones de violencia antirreligiosa, se había producido el ataque contra el hospital católico de Ujjain, en el estado de Madhya Pradesh, una violencia muy grave aunque sin víctimas mortales. La mayoría de los pacientes atendidos en ese centro médico pertenece a grupos sociales desfavorecidos, marginados y pobres, que no pueden pagar la atención sanitaria. Acuden a diario cientos de enfermos, y son tratados sin distinción de clase, etnia o religión, como sucede siempre en las iniciativas cristianas en tierras de misión.

El cardenal expresó al primer ministro cómo esos actos de violencia, aparte de violar la ley, perjudican a todo el país. No se puede olvidar "la contribución histórica de la Iglesia a la construcción del país y su trabajo por el bienestar de la población india, especialmente en el ámbito de la educación, la asistencia sanitaria y la solidaridad".

Las prioridades del gobierno de Modri son el bienestar de las personas y la erradicación de la pobreza. Desde luego, está dispuesto a revisar y encauzar las situaciones conflictivas, aunque no resulta fácil, porque los problemas más graves se plantean en Estados y regiones demasiado alejadas de la capital Delhi.

En efecto el rechazo de las minorías se produce sobre todo en cinco estados del noreste de la India (Manipur, Arunachal Pradesh, Meghalaya, Nagaland, Mizoram), donde se les acusa injustamente de gozar de más derechos y privilegios que la mayoría hindú. Atiza los problemas el PBJ, con el lema ideológico de "India para los hindúes".

A finales de febrero se celebró un seminario interreligioso en Bhopal, en Madhya Pradesh, India central, centrado en el tema de la paz y la armonía nacional, en el que participaron líderes hindúes, cristianos, musulmanes y de otras religiones. Se informó de un número elevado de episodios violentos (al menos 351 casos anticristianos). Y también los líderes hindúes y musulmanes piden al gobierno que "tome medidas rigurosas y urgentes contra los grupos responsables de este caos".

El futuro depende de que efectivamente los partidos nacionalistas dominantes se decidan de veras a fortalecer las tradiciones democráticas, con el respeto de los derechos humanos –ante todo, la libertad religiosa, la libre participación en las elecciones, la ética en la política y el rechazo de la violencia.

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