Opinión

Riesgos de retirar soldados occidentales de Afganistán

Tropas del Reino Unido en Afganistán.
photo_camera Tropas del Reino Unido en Afganistán.

Aunque sólo se tenga conocimiento por películas o reportajes audiovisuales, la geografía y la historia de Afganistán confirman a cualquier observador lo difícil que es el mantenimiento de la paz. Si la orografía es causa de fragmentaciones sociales, todo se complica aún más por el cultivo dominante de la adormidera, que hace del país el primer productor mundial de opiáceos.

Muchas esperanzas suscitó, en medio de tanta violencia, la fatwa del Consejo de los Ulemas afganos contra el terrorismo, el pasado mes de junio. Lo calificaron como haram –ilegal, contrario a la religión musulmana-, y pidieron, al mismo tiempo, al movimiento talibán sentarse a la mesa de negociación por la paz. La decisión tenía mucha importancia, pues Afganistán es una república confesionalmente islámica, y el 99,7% de sus habitantes son musulmanes. Los líderes religiosos tienen, de hecho, más autoridad que los políticos.

Ese planteamiento ha facilitado, sin duda, las conversaciones diplomáticas de Estados Unidos para llegar a un acuerdo con los talibanes, que permita poner fin a la guerra más larga de su historia y seguir avanzando en el objetivo del presidente Trump de evitar que su país sea el “gendarme del mundo”. Las fuerzas armadas estadounidenses luchan en Afganistán desde 2001. El enviado de Washington a la región acaba de anunciar que existe un acuerdo de principio entre Estados Unidos y los talibanes, que necesita ser desarrollado antes de que se convierta en un acuerdo. Incluye el compromiso de poner los medios necesarios para evitar que Afganistán se convierta en una plataforma para grupos terroristas internacionales, como sucedió al menos desde los preparativos del trágico 11-S.

El optimismo se atempera ante la falta de seguridad efectiva de que sobreviva un débil Estado –gobierno, orden político general-, si las fuerzas americanas y aliadas abandonan el país. Muchos temen que serían vanas las muertes de tantos compatriotas, empeñados en asegurar la paz con su presencia permanente en el territorio afgano.

En la práctica, cada vez que se anuncian avances en el proceso de pacificación suelen producirse inmediatamente atentados terroristas. Así sucedió tras la fatwa del pasado mes de junio, o después de las conversaciones del presidente afgano Ashraf Ghani en Moscú y en Ginebra a finales de noviembre. Unas horas después del último anuncio de Ghani, un atentado con coche bomba causó la muerte de al menos diez personas cerca de una zona industrial de Kabul.

También Italia anuncia que retirará sus tropas dentro de un año. Algunos críticos reprochan al ministerio de defensa el oportunismo político, de lanzar esta señal en un momento de crisis política, especialmente para los grillini. Algo semejante reflejaba la promesa de Barack Obama en 2011, antes de las elecciones presidenciales para su segundo mandato. Y también Donald Trump está necesitado en estos momentos de recuperar popularidad…

Pero no deja de significar cierto contrasentido que la retirada de acciones internacionales –además, consensuadas con otros países- ofrezca réditos electorales. Desde luego, el pueblo americano manifiesta cierto cansancio, y la opinión pública apoyaría el plan de reducir cuanto antes a la mitad los 15.000 soldados que sostienen al gobierno de Kabul. Si se consolida el clima de abandono, afectará a los diversos contingentes desplegados en Afganistán –hasta un total de 8.500 soldados-, y puede traer como consecuencia no deseada el restablecimiento del gran santuario del terrorismo islamista en la nación asiática: las fuerzas del llamado Estado Islámico, que ha reivindicado atentados recientes, sustituirían a las de Al Qaeda de los tiempos de Osama bin Laden. Y está por ver si se confirma la aceptación de los señores de la guerra talibanes, que no han dejado de considerar despectivamente a los sucesivos gobiernos de Kabul como “títeres de los cruzados”. Por otra parte, la decisión occidental podría provocar también efectos negativos en la complicada situación de Siria. El tiempo dirá.

Comentarios
Somos ECD
Queremos escucharte y queremos que nos ayudes