Opinión

La Pinacoteca de París se luce con la obra de Chaim Soutine

Judío, de origen ruso y afincado en París, Soutine se construyó una leyenda de pintor maldito, algo “que nunca fue” según Marc Restellini, comisario de la exposición.

No se sabe si por retorcido o inteligente, por perverso o tímido, el caso es que Soutine para unos parecía una cosa y para otros todo su contrario: podía ser elegante, amable y exquisito recitando a Molière, según unos; o sucio, colérico e incapaz de pronunciar correctamente una palabra en francés, según otros.

La exposición cuenta con 80 obras de Soutine, muchas de ellas pertenecientes a colecciones particulares. Son naturalezas muertas, paisajes bellísimos y retratos atormentados. Todos ellos ricos en colores. Los retratos son especialmente interesantes. En su mayoría son niños o jóvenes, pero con el rostro deformado por el paso de los años, como si hubiera averiguado los efectos del tiempo sobre las caras de sus modelos.

Restellini cuenta que se quedó de piedra la primera vez que vió a Paulette Jourdain, amiga de Soutine, ex modelo de Modigliani y secretaria de su marchante Zborowski. Dice que fue a su casa para entrevistarla y cuando Paulette Jourdain le abrió la puerta se encontró frente al retrato, trazo a trazo, que Soutine había realizado 70 años antes cuando Paulette acababa de cumplir 20.

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