Opinión

¿A quien le molesta que la reina opine?

En primer lugar a todos aquellos, y hay muchos, que defienden la libertad de expresión para sí mismos o para todos los que piensan como ellos, pero que con la misma contundencia se la niegan a los que discrepan de sus opiniones o posicionamientos ideológicos. ¿ O alguien tiene alguna duda de que si la Reina en lugar de mostrarse en contra de que a la unión de dos personas del mismo sexo se le llame matrimonio hubiese dicho lo contrario; o en lugar de manifestar que no es partidaria del aborto se hubiese mostrado favorable al mismo o que en lugar de señalar que no apoya la eutanasia dijese que sí, la polémica que se ha creado en torno a sus manifestaciones en el libro de Pilar Urbano hubiese sido muchísimo menor, por no decir que inexistente?

Pero no, como Doña Sofía ha ejercido, como persona humana que es –y esa condición es anterior a la de ser Reina- el derecho de decir libremente lo que piensa y lo que piensa no es lo “políticamente correcto” sobre esas cuestiones, han caído sobre ella todo tipo de críticas, descalificaciones e incluso boutades por parte de sectores agrupados en torno a la “progresía” social y/o mediática que se han rasgado las vestiduras por lo expresado por Doña Sofía.

En segundo lugar, que la Reina opine también parece que ha molestado a esos monárquicos recalcitrantes que al final son más “papistas que el Papa” y que se pasan todo el día diciendo a la Casa Real y a cada uno de sus miembros lo que tienen que hacer o decir. Son personas que no se han reciclado, que no conciben cambios en los usos y costumbres, en la forma de relacionarse de los Reyes con su pueblo.  

Y en tercer lugar, parece que tampoco ha gustado nada al Vicesecretario general de comunicación y portavoz del PP, Esteban González Pons, que en unas declaraciones a Telemadrid llegó a decir “perlas” como la siguiente: “el Rey y la Reina, si son, son como la bandera, y a la bandera la vemos cumplir con su papel en los actos oficiales pero no hacer declaraciones no neutrales”, o esta otra: “la Reina es una mujer de 70 años, católica. Efectivamente, ha dicho lo que piensan muchas mujeres españolas de 70 años y católicas”. Rajoy puede pensar, y con razón, que con “amigos” como González Pons, no necesita muchos “enemigos” fuera.

Si al actual portavoz del PP todo lo que se le ocurre es comparar a Sus Majestades los Reyes con la bandera o si la búsqueda de frases más o menos ingeniosas le absorbe mucho tiempo, yo le puedo presentar mujeres no de 70 años, sino de 20, 30 0 40 que piensan lo mismo que la Reina en cuestiones como el aborto, la eutanasia o la unión de personas del mismo sexo. Caricaturizar el pensamiento libre de una persona en función de su edad y de sus creencias religiosas sólo demuestra una gran dosis de frivolidad en quien lo hace.

El Gobierno y los portavoces del PSOE no solamente han sido mucho más inteligentes y respetuosos que los del PP a la hora de pronunciarse sobre la polémica desatada por las declaraciones de la Reina, sino que además están encantados de cualquier “maniobra de distracción” que aparte, aunque sólo sea por unos días, la atención de la gente de cuestiones como la crisis económica o del “papelón” que está haciendo Zapatero para conseguir una silla en la cumbre de Washington del próximo día 15.

Y tengo la impresión que la gente de a pié está encantada con que la Reina haya dado sus opiniones, aunque se discrepe de las mismas, sobre muchas cuestiones que están en la calle, que interesan al ciudadano. Lo mismo que pienso que esa misma gente defiende de forma más auténtica y sincera que muchos políticos u opinadores, la libertad de expresión de todos, también de la Reina, para decir lo que cada uno quiera.

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